jueves, 29 de diciembre de 2011

Cambio o 'Filosofía'

Asistir a cursos, atender seminarios, hablar con interlocutores optimistas positivos, leer textos inspiradores, escuchar a líderes en sus disciplinas, ver en acción a gurús del desarrollo personal, son acciones sumamente potentes para sentirse bien. Incluso hey, quizás faciliten el dar un primer paso hacia un cambio necesario o buscado.

Pero mientras, hay personas que emplean ese mismo tiempo para hacer algo al respecto con sus vidas. Menos gasolina, pero mayor potencia. Eficiencia en acción.

Uno puede hiperinflar su motivación como quien recibe su chute, su dosis diaria de ánimo: necesitan su palmada en la espalda - o un pequeño codazo en las costillas - para moverse. Si no, que me quede como estoy.

Motivarse no es lo mismo que dejar que le llenen la cabeza con humo de colores.

Empuje sin acción se queda en ensoñación.

Bonita, sí.

Pero seguimos dormidos.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Coaching en Postgrados para Emprendedores en España

Con el generoso permiso de su autora, Rocío Alcocer, adjunto aquí la más que recomendable Tesina de Fin de Carrera realizada en la Universidad Pontificia Comillas/ICADE y en la que se recogen algunas reflexiones que compartimos para responder a las siguientes cuestiones:
  • Investigar si el coaching tiene cabida en los posgrados para emprendedores en España.
  • Identificar el posible encaje conceptual entre el concepto de emprendedor y el de coaching.
  • Estudiar la oferta actual de Másteres para emprendedores en España.
  • Conocer las motivaciones de los emprendedores a la hora de decidir cursar un Máster para emprender.
  • Determinar si las personas que cursan estudios de posgrado para emprendedores considerarían provechoso participar en un proceso de coaching y por qué.
  • Analizar el punto de vista de coaches a este respecto.


viernes, 23 de diciembre de 2011

5:03

¿Apenas cinco minutos podrían resumir la fugaz eternidad que alguien experimenta cuando mira a su propio fin a los ojos y, de repente, una nueva vida le es regalada?

Ric Elias, superviviente de un accidente de avión, lo demuestra.

Con mis mejores deseos para los amigos que están, los que fueron y los que serán; los colegas que marcharon, los que son, y los que aparecerán; y para todos los que sospechan, con razón, que vivimos momentos para desperezarnos y levantar la vista más allá del horizonte.

Que reciban, como quiera que conciban estas fechas, todo lo mejor.


lunes, 19 de diciembre de 2011

Yo mi me conmigo

Hay una línea, delgada pero clara, entre cuidar nuestro yo y rendir tributo a nuestro ego; entre ayudar a otros porque nos motiva, a hacerlo para rehuir las propias responsabilidades e introspecciones.

Antes de despegar, en los aviones se nos informa acerca del procedimiento en caso de despresurizacion de cabina: las máscaras de oxígeno penderán delante de nosotros y, si vamos acompañados de una persona que requiera ayuda, primero deberemos colocarnos nuestra propia máscara, y después ayudar a otros con la suya.

Hágase otra cosa y los desmayados serán dos.

Cuando uno aprende a bucear, siempre con un buddy (compañero), se le guía acerca de qué hacer en una emergencia como la de que el compañero se quede sin aire en la botella - alternándose en compartir el oxígeno del primero, cierto, bajo el liderazgo la dirección de éste: si se dejara inquietar por el lógico temor del segundo, dos serían los ahogados - aun habiendo suficiente aire para ambos hasta llegar a superficie.

Pero volvamos ahora a tierra firme.

En situaciones difíciles de cambio en nuestras vidas, cuántas veces entregamos el control de nuestras decisiones y las supeditamos a algo que creemos es más importante, por algún ¿imperativo? moral (dándole la espalda, inconscientemente, a las luces del tren), cuando es precisamente lo contrario lo que debemos tentar: mirar hacia dentro de nosotros, no hacia afuera - ¿qué es bueno para mí?, ¿qué es importante para mí?

Lo contrario implica rebozarse más en el barrizal: cuántos empleados trabajan más duro creyendo imaginando ameritar ante sus jefes cuando los EREs se suceden; cuántas relaciones interpersonales se mantienen con ventilación asistida porque somos amigos desde hace años; cuántos matrimonios perviven en abierta hostilidad por el ¿bien? de los hijos; cuántas desinversiones financieras no se llevan a cabo porque el asesor agente comercial del banco nos dice que esta vez sí en el próximo trimestre recuperará usted lo perdido, oiga.

Es facil autoengañarse. En el casino de la vida es tentador seguir apostando al negro cuando solo sale rojo, en lugar de levantarse de la mesa, estirarse el arrugado traje, asumir las pérdidas y recomponerse de nuevo. Esa fue una de las guías que compartió para mi primer libro un inversor que vive de las rentas de sus rentas (no, no sobra un renta): es mejor perder mucho cuando la cosa va torcida (siempre en este ahora y este aquí, recuérdese), que perderlo todo.

Pero para eso es crítico discernir cuándo es momento de pensar para y por uno mismo -- paradójicamente, para disponer de una mejor plataforma para ayudar a otros.

El capitán no abandona el timón en mitad del tifón para cuidar, mimar o servir cócteles a sus pasajeros. Se van a tener que apañar por el momento agarrando sus propias bolsas para el mareo.

Mejor ellos con estómago revuelto que abandonar la nave a su zozobra.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Inteligencias y Talentos

En nuestras escuelas y academias se ofrecen clases de refuerzo de aquellas materias hacia las que, en muchos casos, el alumno no se haya naturalmente inclinado. Tristemente, no se ofrece mayor refuerzo para aquellas materias en las que el chaval ya despunta. Total, si ya es bueno, para qué molestarse en que mejore.

Es como insistir en reconvertir a un corredor de fondo en un jugador de petanca 24/7. Dilapidar talento, vamos. Como si lo regalaran con los petit suisse.

Parte del rol de padres, tutores, educadores, y cualquier adulto que trate con pequeños y a los que les importa que estos últimos no acaben toda su vida a) trabajando en para un banco ó b) saltando de empleo en empleo [no tanto para buscar donde encajar, sino como un medio para encontrarse (o crearse) a sí mismo] consiste en estar atento a las señales de los talentos naturales, los de fábrica, con los que aterrizamos en este mundo.

Que los hay.

Si trabajan ustedes en empresas razonablemente grandes, antes o después habrán oído la proverbial odisea de los departamentos de Recursos Humanos por alinear (un edulcorado '¡se cuadren, c*ño!') al empleado con los objetivos de la empresa sus jefes. El lenguaje, curioso, quiso que de alineación a alienación, tan solo hubiera un pequeño baile de letras. Apuesto con ustedes a que no encuentran una sola persona perfectamente alineada con los objetivos del sitio donde trabaja - si está aquel contratado por cuenta ajena. Ni mencionar si trabajara solo por el dinero de cada mes.

Pero volvamos al cole.

Eduquen, extraigan, destapen, aquello en lo que el chaval despunta y, sobre todo, disfruta; y proporciónensele los recursos para que exprima esos talentos.

¿O acaso queremos condenarles a desarrollar sólo los talentos más demandados por el mercado que le rodea (estudia algo con salida; hazte programador, que ganas una pasta) para convertirle en un rico... que antes o después se preguntará en su edad adulta pero qué demonios estoy haciendo con mi vida?

La próxima vez que estén jugando (los juegos son particularmente reveladores) con un chaval, fíjense en su empleo (habilidad y disfrute) del lenguaje (con ustedes, el próximo Nobel de Literatura); su destreza en el uso de su capacidad motora (¿un nuevo atleta en ciernes?); su habilidad artística (pintura, escultura, arquitectura - ese Lego -, música, diseño); su empatía y simpatía (consigo mismo, con los demás); y, por supuesto, la habilidad que nuestra sociedad ceba con esteroides: la lógica-cartesiana.

Tomen nota del modo en que el pequeño juega, se desenvuelve; escriba algunos ejemplos, aunque sean anecdóticos, de aquello en lo que parece que disfruta y, encima, es bueno haciendo.

El esfuerzo de usted hoy le ahorrará a esa persona mañana tiempo, energía y dinero intentando descifrar por donde guiar sus pasos profesionales más allá de las avenidas convenientemente pavimentadas y con salida.

¿Para qué, de todos modos, querría alguien salir de algún sitio donde se halla cómodo?

domingo, 11 de diciembre de 2011

La trampa de la responsabilidad

Una cosa es dedicar la vida de uno a un propósito mayor que uno mismo (uno de los motivadores más potentes que hay), y otra bien diferente es sacrificar la vida de uno por los demás.

¿Hasta qué punto una persona se esconde en su verbalización de hacerse responsable de/por otros, precisamente para no hacerse cargo de su propia vida?

El matiz es sutil - y no tan fácil de discernir.

Por ¿educación?, ¿culpa?, ¿costumbre?, solemos anteponer a los demás a nosotros mismos ('Yo y Pedro Pedro y yo jugamos al fútbol', que nos decían en el colegio), incluyendo aquellas decisiones que pudieran penalizar, menoscabar, nuestro propio bienestar. Nadie quiere que le tachen (y menos uno a uno mismo) de egoísta. (La propia palabra da escalofríos, brrr).

Nuestra sociedad, la que nos hemos inventado, presenta un modelo idóneo, publicitario, de papá-mamá-niño-niña en el que los dos primeros (o, aún en ocasiones, solo el primero) se dedican a batallar contra dragones y malvados para proteger a la progenie. Tiene sentido, ¿no?

Creo que no.

Cuando nos dimos un garbeo por primera vez sobre la Tierra, hará unos doscientos mil años, nos apañábamos bastante bien en grupos, en tribus. Cooperación era sinónimo de prevalencia, subsistencia; los niños eran cuidados por todos, y el rol de los pequeños era el de formar parte activa de esa 'familia extendida', en lugar de ser el centro receptor de la misma.

El antropólogo Dunbar defiende que 150 es el número de humanos máximo en el que podemos desenvolvernos con comodidad en tanto seres tribales que somos. Tomen pues una empresa con dos mil empleados, una ciudad con cien mil, o una unión europea cualquiera con quinientos millones de almas, y figúrense que, en efecto, nos tornamos ingobernables.

¿Qué hacemos entonces? Encerrarnos en nuestra fortificada unidad familiar, batallar por recursos finitos (que solo lo son en relación con el sistema en el que se desenvuelve el individuo - modifíquese este sistema, y los recursos se tornan necesariamente más abundantes), cuadrarnos la cabeza para encajar como autómatas en escenarios intrínsecamente foráneos - o abiertamente hostiles.

Los padres no dan abasto: las deudas con el banco, los modelos de vida próspera-televisiva presionan, (la apariencia de) el éxito del vecino les hacen querer subir la marcha. Son, con frecuencia, solo (y solos) ellos dos contra el mundo. Y, mientras, los niños aprenden de sus padres lo que ven - no lo que se les manda. (Los chavales tienen una memoria prodigiosa para olvidar lo que se les dice que deben hacer cuando lo que ven en acción de sus modelos-padres-tutores es incoherente).

Hoy a los niños los cubrimos (y lo seguiremos haciendo estas Navidades/Reyes) con cosas, con regalos, con sustitutos materiales de lo que realmente necesitan. 

Atención. Educación. Guía. Consideración. Infusión por goteo permanente de autoconfianza. En otras palabras, esta siempre resbaladiza palabra, amor

Y amor paterno, quizás, no signifique entrego mi vida por ti, hijo mío - sino posiblemente te guío para formar parte de tu propia tribu mientras desarrollas los dones que la naturaleza sembró en ti. En otras palabras, como m/padre me sigo haciendo cargo de mi propia vida, mientras te acompaño a que te hagas cargo de la tuya.

Ese es el progreso de la madurez humana: niño (dependiente), adolescente (independiente), adulto (interdependiente). Sáltemonos este orden, y en el futuro el chaval tendrá que ir poniendo parches a su in/inter/dependencia en cada revolcón serio que le ponga la vida por delante.

martes, 6 de diciembre de 2011

Resiliencia

El éxito se mide por cuán alto rebotas
una vez que has tocado fondo.

George S. Patton (1885-1945)


En una cápsula, esta frase sintetiza lo que entendemos por resiliencia.

Un grupo de especialistas en Neurociencia, Psicología, Coaching, Educación y Consultoría estamos trabajando para traer a emprendedores, directivos, educadores, deportistas y público en general esta competencia, a través del Instituto Español de Resiliencia (más, aquí).

La crisis, ah, esta crisis, no nos perdamos, no es financiera - o al menos, no solamente. Hoy está habiendo un cambio de conciencia, de concienciación, en nuestro sistema político, social, económico, de valores, que destapa lo que se entreve tras la opaca mascarada de reuniones del G20:
  • El sistema laboral, como lo entendimos hasta hace una década, no volverá: estamos ante, posiblemente, la mejor (no necesariamente fácil ni sencilla) oportunidad de éxito para los agentes libres que trabajen en redes simbióticas, como contamos en mi segundo libro.
  • El dinero deja de adquirir protagonismo como fin - y vuelve a la posición de la que nunca debió salir: al rol de ser un medio de comprar otra cosa con un valor incalculable: nuestro finito y precioso tiempo.
  • El público ya no busca proyectos vitales basados en tener casa hipoteca, esposx, niñxs, perro, pantalla plana (no necesariamente en ese orden); el público se identifica, es, con lo que hace. Y ya no quiere hacer cosas que no son él/ella. La frase trabajo en lo mío toma una nueva interpretación: en lugar de pasar toda la vida buscando la misión de otro desde donde encajar mi labor -tarea condenada a la frustración-, ahora es construyo una misión, una labor, un proyecto, mío - en el que trabajo.
    • Se abre la veda. Ya no hay límite en la creación, elección de proyectos vitales donde trabajar. Conozco individuos con más de seis tarjetas de visita diferentes que reflejan cada uno de sus proyectos. ¿Locura? No: elección. (Mi propia tarjeta muestra únicamente mi web.)
  • Entramos en parábolas (laborales, vitales, financieras), cada vez más llanas, con puntos de inflexión, de cambio de tendencia ascendente/descendente, más largos - los proverbiales ciclos de siete años que muestro aquí en dos gráficas (el superior con un antes; el inferior con un ahora-mañana) se tornan más oscilantes. En otras palabras, nos pasamos más tiempo en tránsito de una estación a otra que de pie esperando a que pase otro tren.

     
  • Lo que ayer era común ('no puedo cambiar de carrera, llevo mucho tiempo haciendo lo mismo', 'me quedan solo x años más en esta empresa para jubilarme', 'ya tengo casa, ya estoy seguro') y lo que era raro ('estoy en una etapa de transición', 'le he dado la vuelta a mi vida', 'me separo aunque lleve veinte años de infeliz matrimonio', 'he comenzado de cero') hoy es, precisamente, lo contrario.
    • No hay seguridad laboral - ni la volverá a haber jamás.
    • No hay seguridad en las relaciones.
    • No hay seguridad en las carreras profesionales.
    • No hay seguridad académica: y menos con planes de estudio de los tiempos de cuando Apple solo significaba una... fruta.
    • No hay seguridad financiera: es posible ganar una fortuna invirtiendo cero coma cero euros en el marketing de una buena idea, y perderlo todo en la siguiente burbuja-capricho de alguien que se dice inversor. (Un inversor aporta un capital para crear algo tangible y de valor para mercados y empleados, esperando un rédito por su riesgo; un especulador aporta un capital para crear algo tangible y de valor para mercados y empleados, esperando un rédito por su riesgo).
La nueva seguridad es la flexibilidad.

Sea flexible, cree contactos, quítese los anillos para que no le preocupe que se le caigan, fórmese permanentemente, mueva el c*lo a menudo de su confortable y calentita (y reconvertida a impredecible) rutina, y estará, paradójicamente, más seguro. Nadar contracorriente es extenuante. Aprovechar las corrientes que le lleguen en zigzag para llegar al otro lado lleva más tiempo, sí. Pero se acaba llegando.

Desarrollar la resiliencia es posible - y factible. Autoestima, autoconfianza y autoconcepto; resolución de problemas complejos, comodidad con la incertidumbre, establecimiento de metas, creación de redes de apoyo, aceptación (que no resignación) y superación - y todo ello con una base científica. (Malas noticias para el coaching de fogueo). Y todo ello con fundamento lógico y condimento emocional: duro con el problema reto; suave con la persona.

Y, sobre todo, efectivo.

Si alguien cae y se rompe su vida (un despido, una separación, una injusticia) en mil pedazos, puede hacer tres cosas:

Quedarse mirando al suelo, llorando y añorando durante lo que le quede de existencia por aquello que se perdió.

Recomponer los trozos que encuentre y rehacer su vida como pueda, lastrando el dolor de su pasado como un grillete en los tobillos.

Hincar una rodilla, sí - pero no las dos. Nunca. Sino solo para volver a levantarse con la cabeza al frente, y para mirar a la Vida de tú a tú. Regresando al campo de juego - pues el partido, no señores, no ha hecho más que empezar.

Eso es resiliencia.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Cansado... ¿de qué?

Están los dos extremos.

Por un lado, está el trabajar en algo que nos cansa, extenúa, erosiona nuestra energía. Da igual estar solamente una hora, en esa (otra más) reunión inútil, la edición en el último minuto de esa inacabable hoja de Excel o el repaso una vez más de esa presentación-coñ*zo antes del día que viene a la oficina la madre de todos los sheriffs. Llegamos a casa y nos sentamos derrumbamos en el sofá cansados, rendidos, fundidos, disgustados, encabr*nados con el mundo. Quemados.

Desde la esquina contraria nos observa, mientras, aquello que experimentamos haciendo cosas que nos centran, nos envuelven, nos absorben, nos seducen. Da igual las horas que dediquemos: nunca nos fatiga realizarlas. Aunque no hayamos comido en horas, o levantado nuestra vista de una pantalla con eternas líneas de codificación, de nuestro óleo aún difuminado, de nuestro novedoso postre de diseño, de nuestro primer prototipo en cartón-piedra.

A igualdad de ingesta calórica, a igualdad de horas de sueño, a igualdad de entorno social, el segundo parecería incombustible. A fin de cuentas, ¿quién se siente cansado de crear, producir, realizar proyectos en lo que le gusta? ¿Tiene sentido biológico el estrés cuando se hacen cosas que de veras nos apasionan?

Pero hay más. El problema del cansancio crónico de los primeros es que éste 'hace saltar' el instinto de supervivencia: somos más susceptibles emocionalmente (más agresivos, impacientes, sensibles - y, por tanto, menos racionales), empleando por consiguiente el tiempo que conseguimos rascar de debajo de las piedras para des-cansar (tanto luchar contra el mundo desgasta al más pintado), en la medida de lo posible, haciendo algo completamente estéril. (Aunque a veces esto viene realmente bien, sobre todo el domingo por la mañana).

Uno ya no sabe si descansa para producir mejor en lo que no le gusta, o descansa porque al hacer tanto tiempo lo que no le apasiona le da la pájara más rápidamente. Ni descansando nos sentimos descansados (¿depresión post-vacacional, alguien?). Y dénos igual la jalea real, el ginseng, taurina en lata o la última pulsera revitalizante, nada nos devuelve (¿devuelve?) la energía.

Nos tomamos todo tipo de antídotos, pero nos volvemos a meter en el avispero. Así, a pelo. Hmm. No hay que rascarse mucho la cabeza para ver qué pieza del puzzle sobra.

Para los segundos no hay fronteras entre lo que (otros) dicen que es trabajo y lo que (esos mismos otros) dicen que es ocio: ni el trabajo es una tortura, un mal necesario para pagar las facturas, ni en el ocio necesitan desconectar de algo que, simplemente, les tiene enganchados, enamorados.

Podemos pedir que la orquesta toque otra canción, o podemos cambiar nuestra pareja de baile.

Lo que no podemos hacer es obligarnos a que nos guste bailar.