sábado, 14 de mayo de 2011

Tarea para Casa

La tarea no podía haber sido más concreta: 'diseñad una app. Conseguid que la gente la use. Repítase'.

Por el camino, los estudiantes consiguieron que millones de usuarios, en un tiempo récord (algunos en cinco semanas), emplearan y recomendaran a sus contactos estas apps gratuitas diseñadas para funcionar en Facebook. Y, claro, lo que sucede cuando tienes millones de usuarios es que los millones (de dólares) empiezan a brotar desde los anunciantes.

Un par de docenas de estudiantes (que rondaban la veintena) de esa clase se hizo millonario... así como sus profesores - echando abajo, de paso, el precepto de que 'para emprender hace falta dinero'.

Números rápidos:
  • Coste de la inversión: casi cero.
  • Número de usuarios: millones.
  • Tiempo en viralizar esos millones de usuarios: semanas.
  • Ingresos subsiguientes por publicidad: 2.500€/día, millones anuales.
  • Tiempo empleado de producción (escribir el código de la app): unas cinco (no, no es una errata) horas.
Era indiferente que la app no tuviera muchos aderezos. La consigna de los profesores: 'distribúyanlas rápido y mejórenlas después'.

Tipos de apps: mandar abrazos, besos, peleas de almohadas, votar cuán 'hot' eran sus amigos... Nada particularmente denso.

¿El año?: 2007. ¿El lugar?: Universidad de Stanford.

Algunas de las cositas en las que derivaron estas apps embrionarias: Friend.ly, Buzzeo o Sharethrough.

No, no hace falta dinero necesariamente para empezar una empresa (o para retirarse en un par de años).

Es algo de ingenio...

... y un desprecio absoluto por los paradigmas de los mayores: 'estudia. Escoge una carrera con salida. Apriétate el cinturón toda tu vida. Hipotécate para siempre. Empieza a vivir a los 65 años'.

Va a ser que no. Ya no.

Maravilloso.

En El Blog Alternativo

Comentario de 'Coaching para Emprender' en EBA, aquí.

Y, ya que lo visitan, déjense perderse entre sus entradas... hallarán infinidad de, sí, alternativas al mainstream que nos rodea.

Hablemos de Emprender y Coaching

Este 27 de mayo, en el Auditorio de la Feria de Valladolid (aquí), daré una ponencia acerca de Emprender y Coaching para la Escuela de Negocios Training Consulting. Puede ser una buena ocasión para vernos si se pueden acercar (el evento es gratuito).

Además estarán, entre otros:
  • Pablo Trillo, VP de la Agencia de Inversiones y Servicios de Castilla León.
  • Francisco de Andrés, Director Regional de RRHH de Benteler, quien junto a la Directora de Desarrollo de RRHH del Sur de Europa, Montserrat Serrano, hablarán de casos de éxito en la empresa.
  • Juan Manuel López Iturriaga, Subcampeón Olímpico de Baloncesto en Los Ángeles 1984, quien nos hablará de liderazgo.
El programa completo, aquí:

Para inscribirse, aquí.

lunes, 9 de mayo de 2011

'... es que tengo miedo de...'

Es habitual, frecuente. De hecho, esperable. Constadado científicamente que quien no lo siente, es que tiene a) un desequilibrio químico o b) una estructura morfológica diferente. El miedo está ahí para movilizarnos... si así lo decidimos.

Cualquier individuo siente miedo. El valiente, el que muestra coraje, siente tanto miedo como cualquier otro. La diferencia es que hace algo al respecto.

Tenemos, básicamente, tres cerebros: el reptiliano (sí, que compartimos con cualquier bicho vertebrado, no se crean, con los mismos instintos primarios - véase supervivencia o, ergo, miedo); el límbico (emocional); y el córtex cerebral (el de los tests que miden -según se mire- la inteligencia de nosotros bípedos).

Si el miedo no se controla, canaliza, entonces, en el córtex se funden los plomos y se conecta el reptiliano. Es el salto del miedo (donde aún regimos) al pánico (bajo cuyo auspicio podemos tomar decisiones erróneas en las situaciones mal calibradas).

El elenco de opciones es triple - pero a su vez infinito: huir ('a lo mejor, si no miro, no me ve', en una réplica, a veces no tan graciosa, del juego que hacen los niños pequeños. Ejemplo: la persona que ve que están despidiendo a todo el mundo en su empleo mayor de 45 años y piensa que, seguro, trabajando más duro, como él/ella es especial, podrá salvar su trabajo. Es la negación ante los nubarrones). O, quizás, paralizarse (eso sí: airando las injusticias que nos tocan vivir, por qué a mí, nos preguntamos y a todo el que quiera escucharnos). Finalmente, encararse, recibir el golpe si hay que recibirlo. Nos asusta a veces, sí. Pero actúan, hacen algo. Aunque sea, precisamente, no hacer nada (por el momento) - que, paradójicamente, ya es hacer algo.

Los anglos lo mencionan con tres 'f': flight, fight, freeze (huir, luchar, congelarse).

La Vida, no hay excepciones, nos pone delante situaciones para actuar que nos dan miedito: cualquier cosa que tenga la palabra nuevo o diferente de nuestro escenario vital actual.

Cada nuevo día, vamos.

miércoles, 4 de mayo de 2011

No-Autoridad

Hace años que me di cuenta que tener problemas con la autoridad es muy saludable.

Durante años fui súbdito-tirando-a-empleado antes de decidir que quería estar al otro lado de la mesa: el de los que mandan.

Me llevó su tiempo, tras quemarme las pestañas, respetar las (absurdas y no escritas) normas cultural-corporativas de aquellas organizaciones, sufrir los encabritados ataques de reunionitis de mis jefes fines de semana y fiestas de guardar, supervisores, presidentes, vicepresidentes o VPs, sus VVPs, los VVVPs, y demás estratificaciones del poste del gallinero. Hasta que, al final, lo conseguí.

Tuve entonces cientos de personas que dependían de lo que hacía yo en ese despacho: sí, ciertamente, hicimos cosas maravillosas, francamente interesantes, pioneras incluso - de hecho, yo era, hum, feliz, haciendo lo que hacía. Hasta que empecé a dejar de serlo aquella tarde de invierno.

Qué tontería, esto de abrir la boca uno cuando no debe: estaba yo en aquella reunión (¿había dicho reunionitis?) con estos los de los galones, mientras debatían si despedir a un tipo. ¿Su crimen?: recibir rentas por el alquiler de su casa, las cuales añadía a su salario mensual (que percibía por un trabajo que tenía cero que ver con el negocio de la empresa), que había gestionado en su tiempo libre. Mis engalonados colegas, creciéndose entre ellos y azuzándose entre sí (mucha testosterona sin liberar, hubiérese dicho): '¡En esta empresa tiene que haber lealtad!', '¿Qué se ha creído este gilipo**as?', coronado con un asombroso (para mí): '¡Y no nos ha informado!'.

Y, como decía, cometí la imprudencia de emplear aquello de la libre expresión para cuestionar tanta honor herido por tan poca chicha. Me debió pillar desprevenido (de hecho estaba yo mentalmente calculando el coste/hora de tanto Mando junto desperdiciado en la discusión, haciendo números, calladito -mis galones no tenían tantas estrellitas-), hasta que pregunté que qué había de malo en que un individuo, de manera legal, inteligente, en su tiempo libre y sin violar ningún código interno de concurrencia se ganara unos dineros invirtiendo.

Supongo que hubo un antes y un después, tanto en mi forma de ver el mundo, como en su forma de verme ellos como un peligro desde esa tarde gloriosa: a los que mandan, les suelen ac*jonar aquellos que (parece que) piensan por sí mismos - los cuales, supongo que por alguna inconexa razón, tienen el poder de vaporizar sillones de cuero y mesas de madera noble. (No lo intenten en casa).

Me di cuenta que no me gusta tener jefes (he tenido docenas y solo guardo relación - y buena - con los dos que me dejaban hacer lo que me daba la gana... paradójicamente con los mejores resultados de entonces para todos)... y que tampoco me gusta ser jefe de nadie: si alguien le tiene que decir a otro lo que tiene que hacer (teniendo el conocimiento y los medios para hacerlo solito), entonces es que uno de los dos sobra.

________

Hace unos días, me contaban el caso de un cliente de Coaching que 'tiene problemas con la autoridad'.

'¿Está arrestado?', pregunté.

'No: es que se lleva mal con su jefe'.

Qué bueno.

Bienvenido, amigo.

Te estábamos esperando.

domingo, 1 de mayo de 2011

Somos Como Termitas...



Si disponen de 21:25 minutos (y creo que sería una buena inversión de su tiempo), vean este vídeo acerca de la 'Historia de las Cosas' (http://www.storyofstuff.org/): un microanálisis del destrozo que hacemos en este mundo al educar (y no es casualidad) desde niños a las personas a ser consumidores compulsivos - no ciudadanos librepensantes.

Traducido al español. (Si lo prefieren en inglés, aquí.)

Gracias a Isa por el enlace.