jueves, 17 de noviembre de 2011

Cuando algo queremos.

Hay varias actitudes en la vida cuando deseamos tener, alcanzar algo, que ahora no tenemos y se nos antoja:
  • La del pedigüeño, quien pide, reza al éter, en la esperanza de que algo o alguien se apiade y le deje catar las sobras. A veces pone cara como la del gato en ‘Shrek’ y tiene su rol de generador-de-lástima tan integrado que el que se consigue resistir a su influjo se lleva puesta una quemazón de culpa adherida como un chicle a la suela del zapato.
  • La del que exige que ese algo le sea dado. ‘Es mi derecho’, ‘me lo merezco’, ‘usted no sabe quién soy yo’ son sus mantras… aunque no las verbalice. Cualquiera le chista. De hecho, suele conseguir cosas más por intimidación o por la renuncia de su contraparte a detonar un potencial conflicto que por su talento o dedicación.
  • La del que lucha, contra todo, contra todos. Sangre a fuego, lágrimas e insomnio son las consignas. El proverbial ‘… con el sudor de tu frente’ es, para este guerrero, Ley de Vida. Hay que dejarse la piel, que hay una jungla ahí afuera puesta de atrezzo para hacerme a mí, ¿habrase visto?, la vida miserable.
El primero se acostumbra a transitar su vida con lo mínimo posible. Se autoconvence, incluso, que no necesita quiere más – no porque no lo anhele en su corazón, sino porque se argumenta a sí mismo que ‘ya llegará’… eso sí: sin mover un dedo al respecto.

Al segundo, en muchas ocasiones, le encontrará en puestos considerados ‘de poder sobre otros’ o en jerarquías verticalizadas, sea en empresa o en la administración, en una escuela o en un equipo de cricket. El jefe tóxico ¿es tóxico porque es jefe, o es jefe porque fue y sigue siendo tóxico?

El tercero gusta de hallar evidencias de lo mala que es la gente, siempre tan individualista ella, tan ombligo-centrada, tan hostil. Y todo logro que obtiene, cuando lo obtiene, le cuesta una energía ímproba, extenuante que le deja drenado de fuerzas.

Pero, ah, luego está el cuarto carácter, el atractor. Aquel que no pide, exige o lucha, sino que se permite recibir aquello que desea en su vida. Fluye, se apoya, discierne, razona-sintiendo (o siente-razonando), eficiente, eficaz y efectivo. Pareciera que consiguiera las cosas sin inmutarse. Sin dejarse la piel en el camino, casi con pereza.

¿Cómo atraen estos lo que desean? Sencillo: no piden, no exigen, no batallan. Se abren a recibir, no (solo) a ir a buscar asumiendo que lo buscado se hubiera perdido.

El Universo, como quiera que lo conciban, ya ha recibido su SMS, pero responderá cuando le venga en gana – pida como pida, exija como exija, luche como luche, se ponga como se ponga.

Así que se centran en las únicas dos cosas que pueden controlar absolutamente:

Lo que dicen.

Lo que hacen.

Asegúrese pues que sus decires y haceres sean lo mejor de lo que usted puede decir y hacer.

Nada menos.

El resto ya no dependerá de usted.

Pero váyase preparando. Permítase recibir.

¿Cuando fue la última vez que se dejó sorprender sin controlar pretender controlar toda la situación?

miércoles, 16 de noviembre de 2011

A quién votar

La contabilidad saneada de una empresa, de un país - o de uno mismo - es sencilla en sus dos principios: reducir gastos innecesarios, subir ingresos de valor añadido al público.

Reducir gastos, tal y como va la sobada crisis implica apretarse el cinturón, vale. Pero cuando se acaban los agujeritos de este, siempre se pueden perforar más y ahogar al usuario.

Y, además, es lo más fácil. Siempre hay una partida más que recortar, suprimir.

Lo que me preocupa de los programas electorales que estoy leyendo es la in-aptitud por conseguir lo segundo: generar riqueza, empleo, bienestar. Emprender, demonios, que parece que hay que dárselo mascado.

Cuando la gente tiene dinero, tiene (a veces) más confianza y adquiere más productos - también, sí, los de los que están empezando.

Aun no he encontrado un partido inversor - solo adelgazadores.

Que los ¿mercados? nos pillen confesados.

martes, 15 de noviembre de 2011

Pruebe su idea

No pierda el tiempo yendo a clases de Contabilidad.

Testee su idea con sus primeros clientes.

Pula su idea, mejórela, exprímala, descártela, actualícela, píntela de rojo.

Entre lanzarse al mercado con todo-ya-montado u ofrecer una chapuza de producto, están todas las opciones imaginables.

'El mercado' empieza con el primer cliente.

Aunque sea con un prototipo - pruébelo. Deje que sus primeros seguidores lo destrocen si hace falta. Es el mejor regalo que le pueden hacer para mejorarlo. No lo dude.

Mejórelo entonces.

Y, ahora sí, dele a la Contabilidad.

(Mejor aún, busque a un buen contable).

lunes, 14 de noviembre de 2011

En el XIC11

Terminaron ya las Jornadas Internacionales de Coaching en Santiago de Compostela - toda una experiencia. Si no asistieron, les invito a visitar y explorar acerca de los ponentes que estuvimos y sesiones pues fueron dos días intensos y de los que le dejan a uno con una zona de confort algo más holgada... Más, aquí.

Según les escribo, las redes echan humo! - si desean leer algunas entradas y tweets, aquí van algunos (y tiren del hilo para saber más):

Blog de José Luis del Campo, aquí. Twitter oficial, aquí. El de Verónica Lamperti, periodista en el evento, aquí...

¡Gracias a los amigos que vinieron y a los nuevos que se hicieron!

lunes, 7 de noviembre de 2011

¿Abundancia?

Debemos a nuestra economía el que hayamos pasado de la escasez de la postguerra a la abundancia de tener mucho de todo.

Ejercicio: vayan a una zapatería cualquiera y calculen, a ojo, cuántos pares hay expuestos.

Después tomen una guía de teléfonos y estimen cuántas zapaterías hay en su ciudad, región, país. Averigüe cuántas personas (y pies) hay en su país.

Y lo verán:

No salen las cuentas.

Se producen miles, millones, de zapatos más de lo que la gente a) puede usar, b) quiere usar, c) quiere comprar, d) puede comprar. Ni regalados.

Ahora figúrense lo mismo con cepillos de dientes, abrigos, bañadores, coches, apartamentos, plazas hoteleras, paquetes de galletas con chocolate, paquetes de galletas sin chocolate, bebidas refrescantes con cafeína, sin cafeína, con extra cafeína, libros impresos, fundas de móvil, muebles háztelo-tú-mismo, saleros, turrones, bombillas, tarjetas postales, velas, cámaras de fotos de 14 megapíxels, pinzas para las cejas, tarrinas de mantequilla en los menús de los aviones y pañales diferenciados por signo del zodíaco.

¿Qué se hace con los productos perecederos (pan, yogur, leche) que sobran?

Se tiran. Se queman. Raramente se entregan a quien lo pueda redistribuir entre quien no tiene o directamente se penaliza.

¿Y con los no perecederos?

Se ofrecen de oferta, se regalan en 2x1... O se tiran. O se queman.

O sea: primero tiramos y quemamos los recursos para producir lo que consumimos nunca consumiremos y la energía necesaria para procesarlos, y luego tiramos el producto de esos recursos y energía.

Mientras, 3.000 millones de personas viven con menos de dos dólares al día según la ONU y el Banco Mundial.

Lo nuestro no es abundancia.

Es inaceptable.

viernes, 4 de noviembre de 2011

'Hola, soy nuevo'

Reinventarse pasa por la opción de darse cuenta de que lo que nos servía, incluso aquello en lo que éramos unos ases, ya poco nos sirve (aparentaría) para nuestro futuro.

Muchos (creen que) se bloquean en este punto. Les abruma imaginar que hay que, más o menos, volver a empezar.

Lo cual, en muchos casos, es rematadamente cierto.

¿Y qué más da?

¿Acaso tememos que se nos caigan los anillos?

Hay dos opciones en esta encrucijada:
  1. Continuar bloqueado. Si es esta su opción preferida, deje de leer el resto pues no quiero hacerle perder el tiempo que debe dedicar a seguir perfeccionando ese bloqueo. Unos cincuenta años, más o menos.
  2. a) Dejar de perder tiempo: aceptar lo que hay. Sin más.

    Y después...

    b) Arrancarse a sí mismo una importante aseveración:

    Admitir que es 'el nuevo' aquí y que debe hacer lo que todos los nuevos hacen en su primer día:

    c) Preguntar.
Pregunte a quien más sabe. Pregunte cómo se puede hacer. Pregunte cómo hacerlo mejor.

Pregunte hasta que se quede sin cuestiones y empújese a buscar qué más preguntar.

Pregunte hasta que los demás se queden sin respuestas, y entonces pregúntese a sí mismo cómo mejorar, optimizar, economizar, incrementar, escalar, lo que quiera que esté haciendo.

Hágase de nuevo experto en ese algo-nuevo-diferente.

El que pregunta, avanza.

No se puede aprender sin una respuesta nueva.

No hay espacio para respuestas nuevas si no hay inquietud por preguntar.

No hay inquietud por preguntar sin el coraje de desear saber.

No hay coraje si nos apalancamos en querer que las cosas 'sean como antes'.

No lo van a ser.

Nunca más.

Pregunte y créese su propio nuevo-yo.

Y disfrute el proceso:

Usted es quien lo está dirigiendo esta vez.