viernes, 10 de diciembre de 2010

Seguridad en uno Mismo

Somos seres de hábitos, los humanos. Dennos el suficiente impulso con cualquier estímulo, y adquiriremos una costumbre nueva gustosos. Nos va lo predecible. Necesitamos un cierto grado de rutina. Aunque sea dañina.

Antes o después, de pequeños, alguien ataca nuestro sentido del 'ser', nuestra misma esencia: un progenitor, sin importar su buena intención; un compañero de clase con la mala l*che que caracteriza a nuestra especie; un profesor insensible; un desamor. 'Debo pues ser inseguro', se dice a sí mismo nuestro protagonista al ver cómo vienen las cosas. Quizás no lo dice conscientemente, con su sujeto, verbo y predicado; pero sí lo suficiente como para asentarse en una creencia... (casi) para toda la vida.

El tipo se cree inseguro, le falla la autoconfianza, teme, se achanta ante el surtido, bien variadito, de eventos con que nos confronta la vida. Y, como quiera que, de nuevo, al humano le encanta ser coherente con lo que piensa (“¡pues claro que tengo razón!”, nos decimos), entonces se comporta igual que como piensa: con inseguridad.

El Universo, tan sabio él, nos refleja lo que proyectamos: proyecte usted inseguridad, y su entorno directo (un familiar, una pareja, un compañero) nos hablará, tratará, y actuará con nosotros como lo que proyectamos que nos merecemos: 'soy inseguro: put*eme, por favor'.

Y nuestra creencia, de repente, se refuerza: 'debo ser inseguro, porque me están p*teando'.

Ese pensamiento se convierte, a fuerza de refuerzo, en una creencia consolidada, contrastada y validada por el entorno. Y nuestro cerebro, las vías neuronales y los impulsos eléctricos que las unen, crea un hábito: las mismas 15.000 neuronas relacionadas con el pensamiento 'soy inseguro', se refuerzan en tantas ocasiones que, en fin, más que 'vías neuronales', parecen ser autopistas de ocho carriles... en un solo sentido.

Hábito tóxico, me dirán. Qué duda cabe. Por mucho beneficio intangible (que lo tiene) que genere sentirse y comportarse con in-seguridad, no hemos nacido (en nuestro paquete genético de serie no aparece por ningún lado) para sentirnos de ese modo.

Solución: ¿censurar esos pensamientos, cada vez que se manifiesten conscientemente? No es tan fácil: cuando un pensamiento (creativo o autolesivo) se convierte en autopista de peaje, acaba encastrándose en el subconsciente – ni siquiera sabemos que está ahí... pero seguimos actuando acordemente.

Ahora bien: se puede solventar. En tres (cortos o largos, depende de lo inmisericorde que sea el individuo en su propia transición) pasos: 1) haciendo una auditoría de nuestros pensamientos; esto es, bajándonos (downloading) del subconsciente al consciente esos pensamientos para hacerlos visibles; 2) sustituyéndolos por otros nuevos pensamientos constructivos de manera consciente; y 3) repitiendo los nuevos pensamientos constructivos, día a día a día, cada vez que nos asalte la duda, hasta que se arraigue  en el subconsciente (suba, o uploading). O sea, hasta que nos lo creamos.

Forzado esfuerzo, me replicarán. Difícil, me advertirán.

Depende.

Depende de cuán intensos sean los beneficios de pasar por la vida sintiéndose víctima de todo, de todos, de una infancia difícil, de un jefe cretino, una pareja posesiva, de la crisis, de los controladores aéreos, de una divinidad con mala baba, del precio de las cosas, que mira cómo se han puesto, o de la fase de la Luna.


viernes, 3 de diciembre de 2010

Tus Consultas - Speed Coaching (gratuito)

Muchos dirán que la vida hoy es cada vez más rápida, dinámica, acelerada que nunca. Quizás, en efecto, nuestra tecnología sea mas avanzada, pero como Sapiens, nuestro cerebro vive, disfruta, sufre, aprende, se alegra y se apena con situaciones y experiencias que nos unen, más que nos distancian, entre generaciones e, incluso, entre etnias, países y culturas. Por ello, quizás la diferencia principal con el 'antes' es que ahora, más que nunca en nuestra Historia, deseamos ser ‘felices’- como quiera que cada uno imaginemos esa meta.

Para ello, aunque a veces pueda resultar difícil para la persona que busca los modos de solventar su duda o su transición, siempre es posible hallar un enfoque o un cambio de perspectiva. Quizás de la mano de un coach. Tu propio coach.

De este modo llega para ti esta versión reducida, y gratuita, de nuestro Speed Coaching – desde donde buscaremos aportarte perspectivas diferentes que, quizás, te permitan reenfocar aquella dificultad profesional o personal a la que estés dando vueltas y que desees compartir con nosotros.

No pretenderemos naturalmente diagnosticar nada: ni somos terapeutas ni jugaremos a serlo. Pero sí somos profesionales en acompañar a personas que, como tú, están motivadas y comprometidas con su propia transición desde una situación actual que, quizás, te este resultando inefectiva, a una situación deseada futura de mayor éxito y, por qué no, bienestar.

Confío en que esta iniciativa te permita nuevos modos de atraer, sumar y añadir más de lo que deseas en tu vida profesional, personal o financiera; y dejar marchar en paz aquello que te ancla en un pasado que quedó atrás.

Con mis mejores deseos de éxito,

Gregory Cajina
 
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Mándanos tu consulta, aquí
 
Aspectos que consideraremos en tu consulta:

1) La editaremos para garantizar que no revele ningún dato que pueda identificarte personalmente.
2) La enviaremos a un profesional especializado en la temática de la consulta y/o con experiencia contrastada en situaciones de similar naturaleza.
3) Por favor, sé preciso en tu consulta, detallándola en no más de media página (unas 300 palabras).
4) No te cobraremos nada, aunque sí te solicitaremos a cambio tu permiso y tu recomendación:
  • El permiso es para publicar la respuesta - anónimamente, claro está - para que otras personas puedan también beneficiarse de un posible aprendizaje gracias a tu experiencia y la nuestra.
  • Tu recomendación consistirá en que, si la respuesta que recibas en esta web te es de valor, le hagas saber a dos buenos amigos tuyos acerca de nosotros y de este servicio de Speed Coaching online. 
Adelante, envíanos tu pregunta aquí.

martes, 30 de noviembre de 2010

Letting Go (Dejar que Fluya)

Que me disculpen los que no aprecian los anglo-palabros que suelto en ocasiones: a veces una traducción bien hecha hace saltar el valor de lo traducido.

Hace años que dejé atrás toda religión. Pero hay algo en donde creo que ciencia y teología coinciden: la plegaria.

Hablando con una amiga médico, me comentaba lo prodigiosa que era la sanación en determinados pacientes que profesaban alguna creencia. En efecto, la confianza en un Gran Dador genera los componentes químicos en nuestro cerebro que aplacan el dolor y estimulan el sistema inmunológico. Dios, entonces, parece que les sirve - aunque no podamos demostrar su existencia.

Por otro lado, y encarados ante problemáticas particularmente intimidantes hay individuos que 'confían' - así, en abstracto. Si aquello en lo que confían es externo (¿'Externo'?) o no, es secundario. La cuestión es que les funciona.

Mi interpretación se basa en nuestro proceso de aprendizaje: póngase usted a aprender un idioma nuevo que le sea particularmente extraño y tardará años en dejar de razonar, en un plano consciente, si el sujeto va detrás del verbo, del adverbio, o qué demonios es un complemento transitivo. Ahora bien, usted lee estás líneas y es capaz de contárselas a un amigo sin gran esfuerzo: es su subconsciente el que trabaja. Tiene internalizado el idioma - al igual que ir en bicicleta o conducir a su lugar de trabajo sin recordar, cuando llega, cuántos semáforos en rojo se ha encontrado.

La autoconfianza, posiblemente, sea la capacidad de decidir, conscientemente, que el subconsciente tiene los recursos necesarios para salir airoso de cualquier situación.

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PD: otro término empleado para definir esos recursos del subconsciente es mucho más conocido - nada mágico... aunque sí muy sugerente por lo poco que (por ahora) la podemos explicar:

La intuición.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Inspiración

Era una madrugada fría y, la verdad, no tenía yo muchas ganas de viajar. Bueno, lo admito: me debí dejar el saco de endorfinas en la despensa porque no andaba yo del mejor de los humores.

En el taxi, el conductor, colombiano, tenía música Salsa con el volumen bajo... y le pregunté acerca de la música (de pequeño crecí con música latina y, cuando no piso a mi partenaire, hasta podría dar el pego en una bachatita...).

Resultó que el hombre era DJ en aquel país, además de taxista, y me dio una disertación acerca de la música hispana. No fue tanto el contenido de lo que decía (que denotaba un doctorado en el tema) - eran las buenas ondas que emitía el tipo lo que me sirvió de lección en mi, hasta entonces, sustancialmente mejorable madrugada.

Llegamos a destino y, sin decir nada más, sacó el CD del reproductor del coche y... me lo regaló.

"Que tenga un buen día, señor", me dijo.

Lo tuve.

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Algo parecido a lo que siente uno cuando le llega por correo la foto que cuelgo en este post. Traduzco libremente:

Piensa Positivamente.
Haz contactos.
Haz ejercicio diariamente.
Come sano.
Trabaja duro.
Mantente fuerte.
Construye tu fe.
Preocúpate menos.
Lee más.
Sé feliz.
Hazte voluntario.
Relájate.
Ama.
Vive.

y (esta es mía)

Sonríe (aunque sea pronto de madrugada).

Gracias por la imagen - quienquiera que seas.



martes, 23 de noviembre de 2010

Auto-Coach del Coach

Todavía me fascina (y entretiene) la (muy) extendida creencia de que estudiar para ser coach es suficiente para serlo.

Por no decir que es suficiente para ser un buen coach.

Como si todos los tipos que estudian leyes se convirtieran en magníficos letrados o jueces, todos los que estudian medicina en eminentes cirujanos, o todo el que se saca el carnet de conducir pudiera ganar sin más el Paris-Dakkar.

No: esto es un camino vital - no un test de matemáticas donde, si sabes, apruebas.

El aprendizaje es permanente, pero no continuo: más bien a trompicones - a veces grandes pasos, a veces estancamientos. Aunque el coach no esté con clientes, debe seguir formándose y, sobre todo, trascender(se). Abrir camino en un paraje donde lo único que hay es arena: ni una señal, ni una indicación. De vez en cuando un nómada, de paso, comparte una experiencia, enseñanza, vivencia. Pero luego debe volver a retomar el (muchas veces sin señalizar) camino solitario. Si no, de veras, el coachee - su cliente - no verá valor alguno en hacer un proceso con alguien sin el suficiente anhelo por su propia expansión.

sábado, 20 de noviembre de 2010

La Educación del Futuro... ya está(ba) aquí

Hablábamos hace unos días de la importancia de cambiar determinados paradigmas, sobre todo asociados a la educación.

Además del sistema pedagógico Waldorf, estuve viendo una escuela en Holanda, Wittering (aquí el enlace), que, desde luego, no deja indiferente.

Algunas cápsulas que resumen la idiosincrasia de esta escuela:
  • No hay asignaturas; se trabaja cada año con ocho conceptos complejos (por ejemplo, la energía, el poder, el crecimiento... en todas sus vertientes y enfoques: científico, social, económico, político, artístico...) en clases conjuntas que comprenden edades entre los 4 y los 12 años.
  • Los niños deciden (!) cada día lo que van a hacer, lo planifican, y se hacen responsables de que eso se lleve a cabo. El profesor actúa solo de catalizador del proceso de aprendizaje diario - orienta, pero no coarta o dinamita la expresión natural del aprendizaje del chaval. (Si desde pequeñitos nos inculcan el hacernos responsables, ¿qué excusa nos queda como adultos para echar la culpa a otros de lo que nos acontece: la crisis, mi pareja, mi jefe, mi compañero, el charcutero... ¿Se imaginan cuántos problemas se evitarían si cada uno fuera responsable de qué hacer con su tiempo (libre) en lugar de 'sentirse solo' o angustiarse porque no queda más remedio que 'estar con uno mismo', una de las tentaciones principales para iniciar hábitos tóxicos... o una depresión?)
  • Naturalmente, hay un núcleo duro de aprendizaje: lectura, escritura, cálculo... que el profesor asegura que se cubra... pero aprovechando el fluir de la clase - la cual trabaja, sin supervisión alguna, interactuando y cooperando entre ellos.
  • Busca desarrollar los talentos naturales (genéticos) de cada alumno... en lugar de forzar a aprender cosas que, simplemente, no vienen de fábrica... o, por el contrario, tapando o infradesarrollando las habilidades innatas del chaval. Ya conocen el dicho de Recursos Humanos: 'es más fácil contratar a una ardilla que enseñar a un pollo a subir árboles'.
  • Los educadores no son solo profesores, son pedagogos especialistas en ciencias, artes, tecnología... y van rotando en su propio desarrollo y aprendizaje.
  • Tienen una regla muy estricta: cuando un niño está en flow (fluyendo con su experiencia, aprendizaje, cuando se ve que está completamente enchufado e inmerso en su aprendizaje) no se le interrumpe... ¡nunca!: es uno de los indicadores más fidedignos (el gesto en la cara de enfoque que tiene el chaval), que sus enlaces neuronales (o sea, aprendizajes) están, en ese instante, a plena máquina. Quitémosnos de enmedio, no molestemos.
  • Esto les va a encantar: no hay examenes. No tienen notas, sino certificados de progreso en relación a lo que el propio chaval (¿acaso no somos todos únicos e irrepetibles?) es capaz de alcanzar, no con respecto al resto de la clase o un rasero estándar. Y como intuyen, sí, en efecto, también tienen discapacitados en la misma aula. Que crezcan , pues, todos.
  • Al concluir la jornada, cada uno completa unas carpetas que resumen el progreso del día, la cual es verificada por las tres partes implicadas: alumnos, profesores y... ¿sorpresa?, los padres. Nada de Asociación de Padres por un lado, y la de Profesores por otro. Esto es cosa que atañe a todos. Se toman en serio esto de no te acostarás cada noche sin saber algo más... cooperativamente.
  • Comen cuando tienen hambre, descansan cuando están cansados, juegan cuando lo necesitan, dentro de unas reglas de convivencia.
  • Se lo pasan bien... aprendiendo. ¿O es al revés? Como anécdota: increíble - había una niña de seis años (repito, seis) preparando, sin ayuda, una presentación en PowerPoint (incluyendo sus visitas a Google) acerca de botánica para el trabajo de día.
  • Y eso respetando (atención, ilustre gobierno de este país, ocupado en censurar juegos 'sexistas') la diferencia (sí: diferencia) entre chicos y chicas: se han dado cuenta que, en general, uno/as son más hábiles en ciertas destrezas que lo/as otro/as... potenciémoslas, entonces, concluyen. De cajón. ¿Por qué insistimos, pues, en que todos hagan siempre lo mismo como si fueran de serie?
  • ¿Que si se quedan atrás en sus estudios los chicos? Para nada. El Gobierno Holandés define claramente el qué tienen que saber los alumnos y cuándo. El colegio es libre para decidir el cómo - y es lo que hacen. Esto es sacar la educación de la cadena de montaje en la que está fosilizada.
  • La premisa es clara: ¿cómo podemos educar a nuestros niños hoy para dentro de quince años si las metodologías que existen tradicionalmente son de hace 50 años... y ni siquiera sabemos cómo será el mundo la semana que viene? Respuesta: desarrolle usted las competencias del chaval. Haga del niño una persona automotivada, autorresponsable, consecuente con sus decisiones, resiliente, constante, con autoestima, cooperativo, empático... O sea, dele las herramientas para que sea, sí: Feliz. Con el tiempo, el resto de conceptos repetitivos que enseñan en la escuela (¿alguien me lo quiere rebatir?), se olvidan.
  • Estos tipos empezaron hace cuatro años con catorce alumnos... hoy tienen 240... y tienen lista de espera para los próximos cinco años.

¿Que cuánto cuesta esto? Adivinenlo.

¿600€ al mes? ¿1.000€, quizás?

Pues no.

Exactamente, cero euros: todo esto está financiado con el mismo monto de fondos públicos del gobierno que si fuera una escuela 'clásica' (¿clásica = anacrónica?).

Mismo dinero, diferente modo de emplearlo.

Invirtiendo en personas únicas y con la simiente de la autorrealización.

No clones.