lunes, 14 de septiembre de 2015

Rápido a ningún lugar

Millones de personas corren como locas persiguiendo cada día aquello que no tienen y que ven en sus televisiones de plasma, sus amigos de Facebook, sus vecinos de jardín. 

Corren sin ser conscientes de las infinitas bendiciones con las que fueron investidos sin habérselas ganado. Honestamente, nadie (¡nadie!) puede decir ‘nadie me ha regalado nada, todo lo que tengo lo he conseguido yo solo’. Cosas de vivir en una sociedad: no hay oportunidad alguna de prosperar sin aportar valor a otros. 

Corren persiguiendo el humo envasado de vendedores de éxito que, o no hacen más que regurgitar lección nueva ninguna, o se escudan en la miseria que sienten en la desesperación de no saber por dónde seguir a pesar de haberlo intentado [casi] todo.

La mente está diseñada para lograr: avanzar, crecer, prosperar, mejorar. Cuanto más logramos, mejor nos sentimos. De lo contrario, nunca hubiéramos bajado de los árboles.

Pero la ambición por continuar logrando, sin un guardián del exceso, acaba llevando a la frustración continuada: es indiferente la altura lograda, nos preocupará más que el vecino haya culminado una aún mayor. Y siempre lo hay.

Ese guardián del exceso se llama Gratitud.

Si cerráramos los ojos cada noche y, de corazón, tomáramos profunda conciencia de lo afortunados que somos [aún con las desdichas, contratiempos, pérdidas, dolor, que toda vida bien vivida conlleva], raramente podríamos sentirnos frustrados o infelices. 

Simplemente, porque no tendríamos la vergüenza de exigir tener más --

Cuando hay millones que tienen tanto, tanto menos.

Sin habérselo ganado.


viernes, 11 de septiembre de 2015

15 septiembre, en el Think Tank 'Gente Brillante'.

Aunque las entradas ya se han agotado, existe la posibilidad de asistir online en streaming.
Presentaremos un vídeo muy especial que grabé este verano en un entorno fantástico, con las principales claves para una vida absolutamente brillante... y alineada con tu propósito - en primicia! 
Emoticono smile
... y compartiremos la inauguración con personas de reconocido impacto en sus campos: la periodista Ainhoa Arbizu, el mentalista Javier Luxor y la cantante y actriz Beatriz Rico.
Gracias a Enrique Jurado y D'Arte Formación (especialistas en Coaching, IE y PNL) por hacerlo posible!
Más info? Aquí.


jueves, 27 de agosto de 2015

'Rompe con tu Zona de Confort' en... Brasil!

Contento... 
Emoticono smi
Tras ser bestseller en cuatro países y estar en 4ª Edición (España, México, Alemania y EEUU), mi libro 'Rompe con tu Zona de Confort' llega a... Brasil!
Muito obrigado!
[¿Más info del libro? En tu librería preferida o en el Amazon de tu país mas próximo. 
En Amazon Brasil, aquí
En Amazon España, aquí.]
[Gracias a mi agente, Marta Sevilla, de Zarana por hacerlo posible!]


martes, 11 de agosto de 2015

¿Justo?

No es justo.
Y no, la verdad es que no lo es.
Todos nacemos con ciertas dosis de suerte. Mucha, poca, abrumadora, escasa.
Todos nacemos, sin haber hecho nada a favor o en contra, en algún lugar, contexto, familia, circunstancia económica, y rodeados de unos primeros cuidadores que muy posiblemente no tuvieran mucha idea –no hay un acuerdo universal acerca de qué es ser ‘buen padre’- que determinaron el carácter, conjunto de creencias, elementos que temer y cuáles valorar que, unidos a nuestro paquete genético, nos predispusieron a un destino razonablemente predecible: si nuestros padres invirtieron dinero en nuestra educación (sobre todo fuera de una escuela), si nuestros cuidadores invirtieron en exponernos desde chavales a experiencias y vivencias novedosas, nuestro desarrollo habrá ido por un sendero muy dispar que el de aquellos cuyos padres se decantaron más por un ‘que crezca solo’ (irrelevante que fuera por convicción, pereza o limitación de recursos).
Sin embargo, es indiferente su pasado, o cómo o cuánto trabajen:
Algunos florecerán. Otros se hundirán.
Porque sí.
No, definitivamente, no es justo.
Hay quien triunfa –lo que quiera que eso signifique, aunque habitualmente vendría a ser el ansiar aquello que los demás tienen y uno no- sin particular esfuerzo; y hay quien se deja una vida persiguiendo su prosperidad –bienestar, logro, éxito- pero para jamás hallarlo.
Hay varias falacias [cognitivas] en todo esto.
Una, que entre los que triunfan no hay pocos que lo achacan a su gran trabajo e inteligencia. Exclusivamente. [Sin duda habrán sido condiciones necesarias, pero nunca insuficientes: quizás Da Vinci no fuera más que un anónimo inspector fiscal si hubiera nacido en este siglo y Zuckerberg –el fundador de Facebook- se hubiera muerto de inanición por falta de trabajo en el Renacimiento].
Dos, que controlamos mucho, muchísimo más de lo que realmente podemos controlar. [En realidad solo hay dos cosas que podemos dominar en este planeta: lo que decimos y lo que hacemos… y solo parcialmente -- cada ser humano somos un producto de nuestro contexto social: con el mismo paquete genético, nuestro comportamiento –y destino- sería diferente si hubiéramos sido criados en un pueblo de pescadores en Cabo Verde o en el regazo de una estirpe de banqueros en Hong Kong].
Tres, que según lo anterior, si no tenemos éxito… es exclusivamente culpa nuestra. No hemos trabajado lo suficiente. No nos hemos movido lo suficiente. No tenemos mentalidad ganadora.
Ser un perdedor – eso sí que es un estigma.
Pero esto no es necesariamente así:
No todos nuestros sueños se han de cumplir, no.
Nos pongamos como nos pongamos.
Porque, paradójicamente, puede ser para nuestro mayor bien.
Desafortunadamente, en el abono de esa agridulce conclusión florecen las tendencias ¿filosóficas?, ¿de desarrollo humano? que nos intentan convencer de que ‘todo es posible si lo intentas’, ‘si lo puedes soñar, lo puedes hacer’, ‘si trabajas lo suficiente, lo conseguirás’. Siempre.
Lo más grandioso de esta última falacia es que, al final, hay un componente final de ‘suerte’ sobre el que tenemos que confiar: llamémoslo divinidad, karma, destino, que puede ser interpelado, adorado, invocado. Atraído. Construido. Inventado.
Pasando por caja, claro.
No podemos domar a la suerte. Miremos al atleta de élite que se rompe para siempre. Al científico clave al que le retiran la financiación. Al tendero sencillo al que asaltan su establecimiento.
¿Eso es suerte?
Quizás sí.
Los mayores talentos solo pueden desarrollarse cuando se los quiebra.
La resiliencia solo es posible tras una tragedia. Si no, solo es una bonita teoría.
El mejor pegamento solo funciona cuando el vaso ha sido astillado.
Hasta que sepas cuál es la Suerte que te corresponda, no obstante, ten Gratitud y sigue trabajando duro por tus sueños.
Esas son las dos únicas condiciones que te exigirá.
Que sea para tu mayor bien.


miércoles, 8 de julio de 2015

El definitivo.

Será en Ibiza.
Octubre 2015.
Una cita con tus límites.

Para derribarlos.

Pronto, en http://www.TheUltimateChallenge.es


martes, 7 de julio de 2015

¿Alguien intenta desmotivarte? Quizás esto sirva

Principalmente hay dos tipos de personas con las que nos encontraremos en nuestra travesía a nuestras metas: una siente envidia porque estamos triunfando pero, no obstante, también quiere triunfar. Siente posiblemente una admiración y una pulsión por nosotros del tipo ‘yo también quiero; yo también puedo’, seguido de la pregunta ‘¿qué puedo hacer para conseguir, yo también, mis logros al igual que esta persona?’. Este tipo de individuos están motivados y son capaces de espolearse para el logro de sus propios sueños. 

Por el contrario, hay otro tipo de personas que, igualmente, sienten envidia — pero en lugar de querer también lograr como logramos nosotros, hacen lo contrario: no solo no quieren hacer lo necesario para alcanzar sus sueños sino que buscarán el modo de que el envidiado de hecho pierda sus logros, su enfoque, sus apoyos. Este tipo de gente, en general, es difícil reconducirla pues su autoestima suele estar dañada -lo que no quiere decir que sea irreparable-. Lo que sugeriría es, por nuestra parte, 1) intentar ‘diluir’ la apariencia de nuestros logros (pues intentar justificarlos o defenderlos ante ellos nos drenan de energía) y 2) devolver el foco a las bendiciones que ellos mismos tienen en su propia vida: una de las formas de 'sanar la envidia' es sentir, profundamente en el alma, el agradecimiento por tantas y tantas cosas que tenemos y somos y que, quizás, ni siquiera nos las hemos ganado sino que nos fueron concedidas por otro más de los caprichos del azar.

En nuestra cultura, desafortunadamente, mostrarse como víctimas de las circunstancias tiene su público: cualquier usuario de un cerebro sano es de naturaleza empático y no nos gusta ver a nadie sufrir. Así, a estas personas les mostramos apoyo, ayuda, recursos, un hombro para llorar infinitamente o una mano para sacarle de un pozo del que realmente no quiere salir (pues se le acabarían sus pretextos). Es fácil hacer que los demás sientan pena por nosotros, pero la envidia… la envidia hay que ganársela a pulso. Nadie envidia a un perdedor.

Finalmente, en casos extremos, lo mejor es alejarnos de esas personas: nos vacían de la energía que nosotros mismos necesitamos para culminar nuestros planes. Podemos apoyarlos, quizás, pero no podemos hacernos cargo de aquellos asuntos de su vida interna que solamente ellos pueden solventar cuando estén preparados. Como siempre: somos lo que decidimos y las consecuencias de lo que decidimos. Cuando una persona está absolutamente determinada a conseguir lo que se propone, cualquiera que intente interponerse será un insensato. Si no estamos logrando, estamos justificando: y nadie quiere acabar por decir que no consiguió sus objetivos porque dejó que alguien lo desalentara. Solamente puede desmotivarnos aquel a quien se lo permitimos, es decir, aquel al que le damos nuestro escenario, micrófono, tiempo y atención para que lo haga. Una irresponsabilidad.