miércoles, 13 de mayo de 2015

Ya está aquí

Quizás lo hayas visto todo en formación y desarrollo personal.

Hasta ahora.

Por primera vez en España:

Cinco ultraespecialistas.
Cuatro días.
Un cambio duradero.
Y una vida -- en tus términos.

Sin excusas.
Sin chorradas.

Solo resultados.

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martes, 12 de mayo de 2015

'¡Ajá!': Dejar de razonar... para comenzar a pensar

Alan Turing salía a entrenar frecuentemente y era conocido como un extraordinario corredor de maratones.
Él solía decir que correr, además, le reportaba esos raros momentos 'ajá' que todos a veces experimentamos espontáneamente de vez en cuando y que le permitían resolver problemas que le trababan y preocupaban en su trabajo diario.
Le debemos mucho a Alan Turing - y a esas carreras que realizaba. En una de ellas, gracias a uno de esos momentos 'ajá' que sintió mientras entrenaba, nos salvó posiblemente a todos la vida:
En su trabajo como criptógrafo para el Ejército Británico halló, mientras corría, la clave que necesitaba para descifrar finalmente los códigos cifrados de comunicación de los alemanes durante la Segunda Gran Guerra, acortándola al menos un par de años y salvando con ello a miles de víctimas adicionales.
La ciencia determina que son unos 35 minutos los que necesitamos correr para que nuestro cuerpo genere endocanabinoides; para 'colocarnos' con nuestros propios neuromoduladores de un modo seguro, efectivo, positivamente adictivo. (Y legal).
Con efectos similares a la meditación o al Mindfulness, correr bloquea la mente pensante, la crítica, la que dirime lo posible de lo insensato, la que da vueltas continuamente sobre las mismas soluciones conocidas para intentar resolver problemas que sin embargo son nuevos.
Para resolver lo imposible -- hay que pensar lo imposible.
Cuando cierta situación, obstáculo, problema, nos bloquea, a veces lo necesario es, precisamente, *dejar de* pensar en ello: quitándonos de en medio -oh, seres pensantes- para que la mente subconsciente macere la situación mientras generamos -mediante ejercicio aeróbico continuado- las circunstancias y la disposición internas en nuestro cuerpo para que esa solución *diferente* se materialice por primera vez en nuestra mente.
La mente sigue al cuerpo. El cuerpo sigue a la mente.
Nuestras decisiones siguen a nuestra mente; y nuestras acciones son consecuencia de nuestras decisiones.
Así, y siempre fue así, nuestros resultados dependen de nuestra propia disposición mental:
Si los resultados no nos agradan, es más sencillo cambiar nuestra disposición que intentar cambiar un universo entero que -creemos- conspira para no agradarnos.
Lo primero se llama aprendizaje.
Lo segundo, rematada estupidez.


domingo, 10 de mayo de 2015

Entrevista en 'Piensa, es Gratis'

Entrevistado por Mar Cantero:

"¿Crees que puedes llegar a hacer cosas que ahora te parecen imposibles? Gregory Cajina nos explica cómo encontrar ese poder interior que todos tenemos, incluido tú.
Entre las muchas cosas importantes que ha escrito Cajina en su libro “Tu mente es extraordinaria” (Ed. B), está la creencia de que somos mucho más de lo que pensamos y que cuando empecemos a contemplarnos de esta nueva forma, nuestra mente será capaz de realizar todo lo que antes creíamos imposible.
¿Todos podemos llegar a tener una mente extraordinaria, o ya la tenemos y no nos damos cuenta? En el nacimiento de un bebé sano, el cerebro es virtualmente el mismo en cualquier parte del planeta. Lo que se hace con ese cerebro (experiencia, aprendizaje, educación, interacciones humanas, elecciones…) determinará que esa persona acabe siendo diseñador de moda, piloto de combate, o un brutal dictador. Según Cornish, el ilustre pensador Wittgenstein coincidió en el aula con Adolf Hitler. Las circunstancias externas son muy importantes para el desarrollo de la mente; pero ante circunstancias similares, es qué hacemos y cómo las interpretamos, lo que determinan nuestras elecciones. Somos nuestra mente."
[Para leerla completa, aquí]






martes, 5 de mayo de 2015

Mil elecciones... menos una

En tu libro #TuMenteEsExtraordinaria dices que en la época en que vivimos tenemos opciones infinitas y muchas más posibilidades, pero que nos paralizamos. ¿Cómo podemos movernos de nuevo y encontrar una posibilidad o camino que sea favorable a lo que pretendemos lograr?

Elijamos lo que elijamos hoy, antes o después en unos años nos preguntaremos si no hubiera sido mejor haber elegido una de las otras opciones. Nuestras circunstancias, la vida externa, es permanente duda, por lo que el cerebro –nuestra vida interna- se bloquea (ansiedad) tanto si tiene demasiadas decisiones como si tiene demasiado pocas (frustración). 

La única manera de saber si una posibilidad elegida es favorable es actuando acorde a un escenario óptimo pre-visualizado por nuestro córtex prefrontal (la zona del cerebro responsable de anticipar consecuencias a determinadas actuaciones sin tener físicamente que llevarlas a cabo; en otras palabras, nuestra imaginación). 

Así, una de las tácticas pasa por 1) identificar nuestros valores personales más profundos y elegir nuestra misión en esta vida, en lugar de continuar satisfaciendo solo los de los demás; 2) planificar las grandes metas para nuestra vida, coherentes con esos valores; 3) desde ahí, comenzar a trabajar hacia atrás (definiendo entonces nuestros objetivos a un año, a un mes, a una semana, a un día - cada día). Si esas metas son coherentes con nuestros valores, tendremos la más potente motivación (es decir, ‘motivo-para-la-acción’), el combustible esencial para actuar, aun cuando las cosas se tuerzan por el camino (lo harán antes o después). 

Ninguna mente sana busca actuar para boicotearse el placer de experimentar un gran logro.

[Del libro #TuMenteEsExtraordinaria ¿Ver el trailer? Aquí]



domingo, 3 de mayo de 2015

¿Abandonar nuestros sueños? No es posible.

Hay muchas personas que parecen haberse olvidado de sus sueños, pero tú dices que no es tan fácil. No obstante, muchos dirán que no es realista seguir un sueño. ¿Crees que todos deberíamos luchar por los sueños, pese a las dificultades y a las circunstancias de cada uno? ¿Por qué? 

Vivimos en un mundo en el que, desde pequeños, se nos enseña a obedecer, a cumplir y acomodar las demandas de atención y objetivos de los que nos rodean: desde la familia, hasta los profesores, gobernantes o esposos. Pero somos esencialmente seres individualizados (que no individualistas, pues somos una especie social), cada uno con sus propias aspiraciones tan exclusivas como su ADN. 

Cuando un sueño se intenta tapar con paladas de convención social durante los primeros cuarenta años de vida, éste busca desesperadamente ser escuchado, y cumplido, en los siguientes cuarenta. Esta es parte de la explicación de las crisis en el ecuador de nuestras vidas, entre los 35 y los 45 años: es entonces cuando quizás no tenemos muy definido –aún- qué queremos, pero sí ya tenemos clarísimo lo que no queremos. 

Trabajar para nuestro propio proyecto es un factor de motivación tan potente, que no hay nómina que pueda hacerlo callar. 

Solo contamos con esta vida; no estamos aquí coreografiando un ensayo para otra. 

Si no trabajamos por nuestros sueños, nadie más lo hará.

[Del libro #TuMenteEsExtraordinaria - ¿Más como esto? 'Me gusta' en Facebook, aquí]



viernes, 1 de mayo de 2015

¿Somos todos extraordinarios?

¿Todos podemos llegar a tener una mente extraordinaria, o ya la tenemos y es que no nos damos cuenta?

En el nacimiento de un bebé sano, el cerebro es virtualmente el mismo en cualquier parte del planeta. Lo que se hace con ese cerebro (experiencia, aprendizaje, educación, interacciones humanas, elecciones…) determinará que esa persona acabe siendo un extraordinario diseñador de moda, un letal piloto de combate, un elegante campeón olímpico de esgrima o un brutal dictador. 

Según el investigador Cornish, el ilustre pensador Wittgenstein coincidió en el aula siendo jóvenes con Adolf Hitler en Austria: así, las circunstancias externas son muy importantes para el desarrollo de la mente; pero ante circunstancias parejas, es en última instancia 'qué' hacemos, 'cómo' interpretamos esas circunstancias, las que determinan nuestras elecciones y, por consiguiente, cómo decidimos moldear nuestra mente en nuestra vida. Nosotros, después de todo, somos nuestra mente, y tenemos el poder -y la tremenda responsabilidad- de moldearla cada día en función de lo que leemos, lo que comemos, con quién nos relacionamos o lo que hacemos con nuestro tiempo. 

Y todas esas elecciones son decisión nuestra.

[Del libro #TuMenteEsExtraordinaria ¿Más como esto? 'Me gusta' en Facebook, aquí]