martes, 9 de febrero de 2016

¿Nos estamos volviendo idiotas?

¿Nos estamos volviendo idiotas?

'Tú desea, que el universo conspira para que se te otorgue'. 

Seré poco exigente: de todo este Cosmos, tomaré solo la estimada existencia de la Tierra - unos 4.500 millones de años. Si un tipo vive, pongamos, 100 años, hagamos el cálculo de qué proporción ocupamos en este bodegón nuestro astronómico. Un 0,000002% de su existencia. 

O sea: nada.

Solamente una persona sumamente desesperada -o irremediablemente arrogante- de veras puede creerse que el mundo está 'para' ellos. 

Para los primeros, aparecerán eficientes los mercenarios del desarrollo personal, siempre olisqueando la presa fácil - a la que, después de aturdir en sus emociones, anulan en su capacidad de actuación. Son termitas in-empáticas ante la desesperanza ajena en el mejor de los casos.

Los segundos, por su parte, son los que lideran el saqueo de los recursos naturales de este universo: hay que ser (bastante) psicópata para expoliar, más rápidamente de lo que regenera, aquello de lo que extraemos nuestra comida, vestimenta y todos los gadgets electrónicos que no necesitamos. 

El universo no conspira nada, no. Está demasiado ocupado expandiendo y contrayéndose durante eones como para percatarse que -a veces, al menos- tenemos siquiera conciencia de él.

Por cierto. Conciencia. Asumamos -permítaseme- que en primates esta solo aparece desde los Neandertales hasta nosotros. 

Así, desde que tenemos uso de ella (unos 200.000 años), somos 'conscientes' de varias cosas.

Que la vida no siempre ha de ser grata, fácil, lineal, progresiva.

Ni, mucho menos, feliz.

En EEUU, la cuna de la colosal industria de la felicidad-cocacola, cada vez tienen más batallones de psicólogos y psiquiatras para atender a jóvenes universitarios de sus crisis existenciales, pérdidas de rumbo e incapacidades de gestionar la incertidumbre -- las mismas tres cosas que hicieron a sus padres fuertes. Y a sus abuelos. Y a todas las generaciones que los precedieron durante 200.000 años.

Sí: quizás nos estemos volviendo más idiotas. Antes, un niño con seis años podía ayudar en la casa, en el campo, a cazar para comer. Ahora, un niño de cuarenta años anda pegado a una pantalla de novecientos euros que le dice lo que debe pensar, sentir, hacer, trabajar, amar, morir. Y comprar, claro.

A la industria de la felicidad-cocacola le nacieron sub-industrias: la de los psicofármacos, la de la diversión psicotrópica, la del dinero como zanahoria ante el asno... y la del coaching.

Quizás [no lo sé: ya he visto tantos 'padres del coaching' que mis redondos conocimientos de genética no alcanzan a cuadrar tanto cromosoma Y] la razón principal del coaching en su origen fuera -también- gestionar emociones (también las dolorosas) de un modo productivo... en lugar de (como hoy día vemos por todos lados) primero clasificarlas como 'negativas' para después hallar el modo de evitarlas o sublimarlas leyendo acerca de universos -universos, casi nada- que conspiran solo pour moi para hacerme feliz, feliz, felicísimo.

Quizás [no lo sé: la última película de magia que vi fue 'El Mago de Oz' y tampoco me entusiasmó] la aseveración 'si lo imaginas, lo materializas' y sus derivadas fuera una osadía de un coach que se vino a más quien, creyéndose el divino causante de su propia fortuna, vendió fórmulas de éxito tan fáciles de guisar como recetas de estofado cuando cualquiera con dos dedos de frente -y algo de tiempo para usarlos- sabe que 'el' éxito es variable, maleable e impredecible. Como el estofado, vamos.

Pero seamos justos. Cuando tenemos el estómago lleno, el desarrollo personal -la autorrealización- es uno de los impulsos más arrebatadores del ser humano, cierto. Pero, desafortunadamente, es uno para el que solo uno mismo -con apoyos- puede hallar culminación.

El universo no conspira por ni para nadie.

Las cosas no se materializan solo por pensarlas.

La vida no siempre es -ni ha de ser- felizcocacola.

Pero eso no quiere decir que uno haya de dejarse abofetear por sus circunstancias.

Ni que deba tolerarse uno el abandonarse física, profesional, personal, financiera, sentimentalmente.

Ni que deba pasarse su existencia mortificándose observando lo turbio, sucio, gris, inane.

Al universo le da igual lo que elijamos ver.

Abracemos pues nuestra elección diaria:

Vivir creciendo. 

Vivir menguando. 

Vivir, sin más.

O volvernos idiotas.


'Rompe con tu Zona de Confort' -- ¡5ª Edición!

Apuntar al cielo -- esa es la única opción disponible Emoticono smile
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sábado, 30 de enero de 2016

Nos vemos en 'El Cambio Interior' - Ibiza, mayo 2016

¿Más info del evento?: en el link, abajo Emoticono smile
Única sesión en España en 2016 - ¡Nos vemos en Ibiza!
Solicita sin compromiso tu folleto e información, aquí.

http://www.incentivosibiza.com

viernes, 29 de enero de 2016

¿Cómo lidiar con emociones inefectivas?

Quizás la pregunta no sea -necesariamente- si las emociones son (in)efectivas: estas solo 'son', sin más adjetivos, y a menudo 'aparecen' solas - lo queramos o no. [La naturaleza no tiende a malgastar recursos creando emociones que no tengan una utilidad... pero solo si su usuario se molesta en encontrar esas utilidades que les corresponden. Por eso merece la pena -intentar- entenderlas y entenderse a uno mismo en el marco de las mismas]

Lo que sí es (o no) efectivo es cómo *respondemos* a esas emociones (cerebro volitivo, pensante, ejecutivo). Una emoción es una señal de tráfico que indica algo. Nos puede agradar (o no) que sea triangular, roja, azul o cuándo aparezca en la cuneta de nuestro trayecto: pero es solo una señal - y está ahí por algo. Lo que nosotros, conductores, decidimos hacer ante esa señal es lo que determinará que conduzcamos con efectividad (trazando una curva con prudencia, gracias a atender al peligro que esa señal indicaba) o inefectividad (que nos quedemos tirados sin combustible en mitad de la nada, de noche y en invierno por ignorar la información de la señal relativa a la distancia hasta la siguiente estación de servicio).

Un ejemplo. La tristeza es una emoción. Sin más, sin adjetivos. Esta nos puede llevar a un bloqueo extremo hasta el punto que una persona enferme (respuesta in-efectiva a la emoción), o puede llevarle a 'acabar harto de' y comenzar a hacer algo diferente, a tomar las riendas de su situación de una manera diferente (idóneamente, más efectiva). Misma emoción, diferente respuesta elegida.

Otro. El resentimiento. Este aparece cuando la expectativa -una idea imaginada- que tenemos de otra persona no se corresponde con su comportamiento real. Quizás pudiéramos incidir -y solo muy parcialmente- en *su* comportamiento para satisfacer *nuestra* expectativa, pero esta opción suele consumir muchísimo más tiempo y energía (y dolor) que alterar *en primer lugar* nuestra expectativa de esa persona. De este modo podemos sustituir la emoción *sentir resentimiento* por alguien (que dispara la necesidad de venganza o 'justicia', pudiendo escalar un conflicto hasta la violencia) por la de *sentirse decepcionado* por alguien, que es la antesala de dos decisiones muy útiles cuando las cosas dejan de funcionar con esa persona: 1) dejarla marchar; 2) dejarse a uno mismo continuar caminando sin ella. De nuevo: misma emoción, diferente respuesta elegida.

Por último: las emociones no *somos* nosotros, al igual que las señales de tráfico no *son* nuestro vehículo.

Somos seres emotivos y emocionales: nuestras decisiones se toman en primer lugar desde la emoción -subconscientemente- y después las racionalizamos -- o justificamos.

Seremos seres pensantes, sí - pero no necesariamente racionales: depende de cómo decidamos responder a nuestra emoción.

Aunque no nos agrade.


jueves, 28 de enero de 2016

El Cambio Interior [teaser] - Gregory Cajina y Dr. Eduardo Tejedo.

Por fin aquí.

Un fin de semana único.

Lo que nos pedisteis.

Cero humo. 110% de enfoque.

Solo lo que funciona - y nada más:

Experimenta un fin de semana de cambio interior integral ultra-enfocado en las siguientes áreas: 

* Definición de metas poderosas.
* Motivación imbatible -usando los patrones mentales de los atletas de élite-.
* Salud física.
* Sustitución de hábitos inefectivos.
* Comunicación persuasiva.
* Optimización del tiempo y prioridades.
* Mejora de ingresos, y 
* Definición del propósito de vida.

En una sede excepcional, en contacto con la naturaleza, combinando las comodidades más modernas con la cultura y gastronomía locales, la formación es sumamente práctica, empleando dinámicas individuales y grupales dentro y fuera de aula y aprovechando el maravilloso y relajante entorno que brinda la isla de Ibiza.

El Cambio Interior es un programa de trabajo individualizado –por eso los llevamos a cabo solo con grupos reducidos- en el que trabajaremos con usted para definir o pulir áreas de su vida que desea ver mejoradas:

1. Situación financiera.
2. Salud.
3. Carrera profesional/proyecto emprendedor.
4. Desarrollo personal y bienestar.
5. Relaciones personales y comunicación.
6. Gestión de prioridades y tiempo con cero distracciones.
7. Contribución o impacto en su entorno personal.

Información e inscripciones: www.incentivosibiza.com

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Instructores:

Gregory Cajina es Coach master, mentor, facilitador, emprendedor, autor de 4 bestsellers (incluyendo “ROMPE CON TU ZONA DE CONFORT”), primer coach en España y top 50 mundial (IAC, 2003). Ha facilitado formación y coaching a más de dos mil personas en siete países. Asesor de AECOPE y del Foro Europeo de Resiliencia.

Dr. Eduardo Tejedo es Doctor Cum Laude unánime (máxima nota) y Médico especialista en Medicina del Trabajo, Experto Universitario en Coaching, experto en comunicación, psicosociología, profesor de universidad, conferenciante, formador en habilidades sociales, control de estrés, comunicación y promoción de la salud.