jueves, 11 de octubre de 2007

¿Master o no Master?

He aquí la cuestión.

Mientras trabajaba para un jefe, tuve la oportunidad de entrevistar a docenas y docenas de personas con excelentes CVs y Masters que, hace veinte años, hubieran dejado con la boca abierta al más pintado.

Hoy, sin embargo, es sorprendente la ingente cantidad de personas que entran a estudiar un master para a) conseguir un trabajo y/o b) subir su salario a la escala de mileurista. Malos retornos para una inversión que supone miles de euros en matrículas, materiales, etc.

He recibido varios emails de personas que, tras leer el libro, se están replanteando si estudiar o no un postgrado, sobre todo en una Escuela de Negocios. (Por cierto, un buen amigo, exdirector de Recursos Humanos e integrante de una Escuela de Negocios, me dice que, en muchísimos casos, la impartición de esos masters son, más bien, un ‘Negocio para la Escuela’, o una ‘Escuela de (sus) Negocios’).

Es patente que en nuestra civilización y siglo, formarse, educarse, entrenarse de manera permanente es absolutamente crítico – no solo por los aspectos profesionales / financieros, sino como pilar del desarrollo máximo del potencial individual al que todos aspiramos.

Sin embargo, la ruta no debe ser siempre: carrera -> postgrado (master) -> trabajo.

¿Y por qué no?

Porque tenemos tal saturación de masters (y universitarios, algunos excepcionales) en el mercado laboral que, por pura Ley de la Demanda y la Oferta, hunde los precios (salarios) con los que ‘comprar’ ese talento.

Muchas de aquellas personas que me escribieron para solicitar una opinión adicional que añadir a su proceso de decisión, se dieron cuenta de que antes de preguntarse ‘¿qué master estudiar?’, es necesario preguntarse lo siguiente:

¿Cuáles son mis objetivos personales en los próximos 3-5 años? Sí, suena muy sobada esta pregunta, ciertamente. Pero me apuesto contigo una cena a que aún no lo has hecho.

Prueba a dedicarte unos instantes a considerarlo: comprobarás lo poderosísimos que son los resultados de invertir tiempo en canalizar tus esfuerzos del día a día, para corregir lo corregible y para celebrar lo celebrable – que es mucho. (Por cierto, hace unos días vi en un colegio un póster dirigido a niños de 5 años en el que había escrito algo así: ‘Shhhhh, dedica todos los días unos minutos de silencio para pensar’. ¡Por fin!: alguien se dedica a enseñar a los niños a reflexionar y estar consigo mismos en vez de reventarles la agenda de actividades de 8:00 a 20:00 cada día).

¿Cuáles son mis objetivos profesionales? Ojo, no los financieros – no los confundamos. Es cierto que tu profesión te puede servir para colmar tus necesidades financieras. Pero si no lo hace, descuida: es normal (digo ‘normal’, no ‘aceptable’), porque así nos llega desde pequeñitos el mensaje: 'estudia esa carrera con salida para encontrar trabajo, que el dinero llegará solo'.

'Sí, sí; claro, claro'.

En mi caso, hasta hace unos meses, trabajaba solo porque quería cuando quería, y en lo que quería y me gustaba. Sin embargo, y en honor a esos profesores que tuve en el colegio, he de darles la razón: trabajar es necesario para la salud mental y emocional. Así que me puse de nuevo en movimiento para llevar adelante algunos proyectos que siempre quise hacer (sí: el Seminario es uno de ellos). Por tanto, mi recomendación es: haz lo que puedas para forrarte, pues es la mejor y única manera de ser realmente ‘libres’ (siendo la ‘libertad’ la capacidad de hacer con tu tiempo lo que te venga en gana), pero nunca dejes de trabajar – especialmente para beneficiar a otros. La satisfacción que percibirás valdrá mucho más que la suma de todo el dinero que puedas imaginar. Y eso, como me dijo un chaval hace unos meses en una charla en una universidad, ‘mola’. Sobre todo al irte cada noche a dormir.

¿Cuáles son mis objetivos financieros? Sorpresa, hay estudiantes que salen de un master prestigioso con -100.000 euros/dólares en su bolsillo, ya que deben devolvérselos al banco que se los prestó para ir a estudiar. Y no todos ellos están precisamente contentos con una situación por la que tienen que encontrar un buen trabajo para quitarse de en medio la deuda y, solo entonces, comenzar a crear su propio patrimonio en números negros.

Una de las personas que más me inspiró en su momento para comenzar a invertir me lo dijo muy claro: ‘lo difícil es hacer los primeros 100.000; pero una vez que los tengas, los puedes convertir en un millón’. Pues sí. Qué razón tenía.

Si tuvieras 100.000 euros, entonces, ¿los emplearías en un master? ¿o los invertirías para convertirlos en un millón?

¿Cuál es la mejor respuesta?

Está claro:

La tuya.
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Solo cuando tengas esas tres cosas claras (objetivos personales, profesionales y financieros) decidirás con mayor claridad:

¿Master o no Master?