jueves, 17 de enero de 2008

Mejorando la Economía: Hay que Hacer Algo Diferente

El mundo funciona en gran parte, nos guste o no, por la economía.

El ciclo, simplificado, nos afecta a todos:

Se crea una empresa por parte de un grupo de emprendedores, los cuales traducen en realidad una idea que sirven a un mercado para resolver una necesidad o deseo. Si el producto se vende, la empresa crece, creando así puestos de trabajo para personas a las que se paga un salario a cambio de que produzcan. Ese salario se gasta, convenientemente, en los mismos productos que esas empresas producen, dinamizando así una economía: cuanto mejor van las empresas (más vendan), más dinero ingresan para a) mejorar/diversificar sus productos, p.ej. y b) más posibilidades tienen de contratar a más personas.

Si resulta que hay demasiadas personas dispuestas a trabajar, la Ley de la Oferta y la Demanda entra en juego, hundiendo los salarios. La gente ya no está tan contenta pero, ay, cómo nos duele ver que el vecino ya se ha comprado la última tele de plasma. Así que nos endeudamos para comprarnos una también, en la expectativa de que no nos despedirán y, por consiguiente, podremos seguir pagando ese crédito.

Cuando esa expectativa peligra, el empleado se pliega más a las exigencias de un jefe (que a su vez se pliega a las del suyo) porque hay que pagar las facturas.

Las universidades forman para ser empleados, qué duda cabe. O sea, seguidores y sirvientes de las empresas creadas por otros.

Hasta las licenciaturas universitarias en Administración de Empresas lo dicen: ‘administrar’ no es crear, no es innovar, no es aportar valor. Solo es eso: ‘administrar’… o también conocido como ‘burocratizar’, ‘fosilizar’, ‘perpetuar’ una empresa (como entidad en sí misma -o sea, los sillones de sus directivos- no para servir mejor a un mercado), lo cual sucede casi siempre en aquellas que adquieren dimensiones considerables.

¿Y si el estamento universitario creara la Licenciatura en Creación de Riqueza? El nombre no tiene ‘punch’, lo sé, pero la idea está clara: enseña a tus chavales (tus futuros dirigentes, empresarios, trabajadores, consumidores) a crear riqueza (creando empresas), a hacer crecer esa riqueza (inversiones) y a compartir esa riqueza (crecimiento responsable, generoso con el otro). No es suficiente con esas especialidades en Creación de Empresas, un par de asignaturas a lo sumo en las Facultades o Escuelas de Negocios. Hablo de 4 señores años aprendiendo a crear beneficio de manera responsable, en equipos, cooperativamente, consecuentes social y medioambientalmente; aprendiendo los mecanismos de innovación, creatividad, flujos de dinero, manejo de dinero, gestión de personas, habilidades de ventas, negociación, fiscalidad, etc. Los profesores, por supuesto, han de ser empresarios y emprendedores contrastados y éticamente intachables. Nada de teóricos o tiburones, por favor.

Me resisto a pensar que las nuevas generaciones que nos siguen quieren dedicarse a trabajar 40 años para otro. De hecho, dudo que puedan hacerlo – porque no les van a dejar.

¿Por qué no facilitarles el que creen su propia riqueza, beneficiándose ellos mientras benefician a la sociedad con un producto, servicio, acción social, etc.?

Si hubiera un partido político que ofreciera esta innovación en su programa electoral, sin duda le votaría, ahora que vienen las elecciones.

Puede ser una interesante solución al varapalo que se está llevando este país por el paro, frenazo en el crecimiento, inflación preocupante, Euribor…

Se dice que la diferencia entre la Medicina Occidental y la Oriental es que la primera está centrada en sanar, mientras que la segunda se preocupa de prevenir que la persona no enferme. En nuestra sociedad, el éxito de un médico se mide por su capacidad de curar. En la antigua China, el éxito de los médicos responsables de extensas zonas rurales se medía en la cantidad de personas que NO se enfermaban.

Diferentes visiones, mismo objetivo: bienestar de otros. Y, por qué no, beneficiándose uno mismo por el camino.

Así todos ganan. Es lo más inteligente.