domingo, 8 de enero de 2017

El dilema: ¿elegimos ser felices o ser libres?

Les propongo el siguiente dilema:

Imaginemos que usted tiene un mejor amigo. Cada vez que se encuentra usted con ese amigo, usted se siente realmente dichoso. Han compartido viajes, experiencias, aventuras y desventuras a lo largo de los años. Si creyera en la reencarnación pensaría que en algún momento de su pasado fueron de hecho almas gemelas.

Un día, casualmente, se entera de que en la última década ese gran amigo suyo ha estado robando sus ahorros, traicionándole con su esposo y mal hablando de usted en su lugar de trabajo -- a sus espaldas.

Llevaba usted una década en la absoluta inopia.

Naturalmente ahora no se siente particularmente feliz; se siente desdichado, desafortunado, engañado, pues han traicionado la confianza que tanto le costó depositar en una persona a la que le abrió su corazón.

Sin embargo, lo que quizás ahora sí se sienta sea más libre, pues puede tomar las decisiones pertinentes para continuar adelante con su vida sin perder más el tiempo con esta persona.

El dilema es: ¿hubiera preferido mantenerse dichoso, feliz -anestesiado- pero desconocedor de la dolorosa realidad? ¿O prefiere usted la situación por la cual está dolido y descontento pero sin embargo gracias a ello es usted más libre de tomar mejores decisiones para usted mismo, pues ya tiene la información de lo que su supuesto amigo le estaba haciendo en realidad?

¿Sería mejor vivir entonces feliz aunque engañado? ¿O vale más tener toda la información por mucho dolor que pudiera causar?

¿Estaría usted de acuerdo con la afirmación 'es más feliz el que es más ignorante (de una realidad)'?

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Dilema 2 (bonus):

Y si usted fuera de hecho el amigo-traidor, sintiendo un buen día que se arrepiente de haber causado tanto mal, ¿confesaría sus traiciones a su amigo, arruinando así su (ignorante) felicidad? ¿O preferiría callar su culpa, elegir no volver a hacerlo, y actuar como si nada hubiera sucedido para no lastimar aún más al otro? ¿La brutal honestidad es siempre la mejor opción?

En suma, parafraseando el proverbio: si pudiéramos elegir, ¿elegiríamos que nuestros ojos no vieran para que nuestro corazón no doliera?

¿Acaso es el conocimiento o la sabiduría el precio de la felicidad?

[Intenso debate que hemos mantenido en estas pasadas Navidades :)]