domingo, 6 de febrero de 2011

Mover, no Conmover

Me comentaba hace dos días una persona que se está formando en Coaching que la primera (y única) experiencia que había tenido hasta el momento con la disciplina fue gracias a un tipo que 'me hizo sentir muy bien... pero enseguida se me pasó... hasta el punto en que no me quedaba muy claro si esto del Coaching servía para algo'.

Esto es, de veras, un problema.

En efecto, para movilizar a un cambio, es necesaria una motivación potente - normalmente asociada a una emoción duradera.

El feel good (me siento bien) de una sesión de coaching es, claro, muy importante: es un recordatorio de la capacidad y responsabilidad que tiene un individuo de generar nuevas realidades que creen mayor bienestar para sí.

Pero andar por ahí tocando la fibra sensible de la gente para, simplemente y superficialmente, emocionarla no es efectivo: sirve de bien poco y hace perder el tiempo al cliente.

Por no hablar de si es profesional o ético.

Conmover no es mover: activar lo primero para encauzar a lo segundo (a la acción) es un ejercicio de valor para el coachee-cliente. Pero si ambos se desvinculan, no se aporta más valor que el desenlace de una telenovela de clase B en una ociosa sobremesa veraniega.