miércoles, 2 de febrero de 2011

Transiciones

Me preguntaban hace unos días unos futuros coaches a los que tutorizo/mentorizo si había 'algo' que todo proceso de coaching, cualquiera, independientemente de su contenido o substancia, debiera tener en común.

Y mira que 'debiera' me gusta poco como término en el coaching: es la puerta de acceso a las creencias limitantes. Pero esta vez, qué demonios, voy a dinamitar este dogma.

Realmente creo que todo proceso de coaching, todo, para que sea exitoso, debe facultar al individuo a que ande siempre alerta (que no 'miedoso') a cambiar; a que abrace al cambio que, sin duda, va a venir (y más de un par de veces) en su vida. Y, sobre todo, a tener la certeza de que saldrá airoso.

No me pregunten cómo funciona - no tengo ni idea. Pero les reto a que encuentren a un solo tipo con confianza en sus recursos que no haya salido triunfador ante los más retorcidos sudokus que le haya puesto la Vida delante.

Eso es coaching. Lo demás es cosmético.