martes, 24 de junio de 2008

Alineación = ¿Alienación?

Hablaba hoy con una buena amiga – y excelente profesional – que ha decidido sacrificar parte de sus ingresos para ganar en tiempo para cuidar de sus peques. Hoy en día, en este país desafortunadamente, tomar ese tipo de decisiones es inusual… Lo que posiciona a las mujeres en una situación difícil: si deciden priorizar a su familia, no son ‘productivas’ para el sistema (la economía, oh madre del cordero), con lo cual, socialmente hablando, son rara avis. Si, por el contrario, hacen carrera profesional, se las tacha de ser malas madres. Delicada tesitura para nuestras compañeras.

Ah, cómo nos gusta criticar al otro – da igual lo que haga.

Mientras daba seminarios a grupos compuestos por mujeres, me encontré con lo afianzado que estaba la presión por ser ‘superwoman’: super-trabajadoras, super-mamás, super-esposas, tener una figura como Angelina Jolie y la inteligencia de Marie Curie. Difícil, la verdad.

En la vida, sí, a veces hay que escoger, elegir… lo cual quiere decir no solo que se opta por lo que consideramos es mejor… sino que debemos dejar marchar la/s otra/s opciones. Y es entonces cuando nos preocupamos acerca de si escogimos bien.

Cierto día, un discípulo de Sócrates se le aproximó y le preguntó: ‘Maestro, he de escoger entre dos opciones, y no sé cuál he de elegir’. La respuesta, propia del filósofo: ‘Desconozco cuál ha de ser tu elección. Lo que si te puedo decir es que, antes o después, te preguntarás por qué no escogiste la otra opción’.

No iba de coña eso de ‘conócete a ti mismo’.

No te engañes: si trabajas para un jefe, trabajas por dinero. Punto. Esto no es ni bueno ni malo. Ni es personal. Simplemente, ‘es’.

Así que no mareemos la perdiz con absurdos planteamientos para ‘alinear la plantilla’ (o ‘alienar’, Marx dixit), desarrollo de personas, motivación, ‘mi jefe debería tratarme bien’ y demás eructos mentales que algunos sesudos gurús nos cuentan. Dejemos de maquillar lo que nuestros ojos ven, nuestros oídos oyen y nuestra intuición nos indica: que nos dan dinero por nuestro tiempo (y, cada vez más, ‘resultados’). Sin más.

Solo a ti te has de reportar. Tú eres tu máximo jefe. Tu último juez. Tu supremo decisor sobre tu vida. Encuentra lo que Frankl llamó el ‘sentido de tu vida’: lo que esperas de ella, lo que la vida espera de ti. Si has de trabajar para alguien por dinero durante un tiempo, hazlo. Pero mira más allá: busca nuevas fuentes de ingresos, reduce tus costes, tu dependencia de un jefe que a su vez depende del suyo. Busca cómo ser libre de cualquier atadura.

Elige tu propio camino. Y camínalo.