lunes, 25 de febrero de 2013

¿Más mentores, menos coaches?

Muchas veces lo que alguien necesita realmente es un mentor, no un coach.

El primero enseña a un aprendiz hasta el nivel de un fuera de serie en una disciplina muy concreta de las artes, las ciencias, la economía. Es una relación de años.
 
El segundo facilita a un cliente la toma de elecciones efectivas en la vida. La relación no suele superar un año como mucho.

Hay varios problemas que hacen que la elección entre mentor o coach lleve frecuentemente a escoger erróneamente:

1) Un buen mentor es un auténtico Maestro en su campo. No hay mentores 'malos'.

Para ser un buen mentor no hay título acreditativo y se necesitan décadas para ser extraordinario.

Para ser coach, se puede obtener un título en semanas -- si no días.

2) En España (a diferencia de, por ejemplo, EEUU) no hay ya casi cultura de 'aprendices': se considera, quizás por pudor o por arrogancia, 'inferior' el que alguien guíe a otro una vez se es adulto. Mucho tiempo y c*gadas por el camino se ahorraría uno si se dejara (bendita fortuna) 'tutorizar' por un mentor excelente.

3) Paralelamente, no hay tantos ultra-especialistas que deseen compartir lo que saben para devolver a su sociedad el éxito que esta les entregó: hay que ser muy generoso y tener muy alta autoconfianza para elegir a un aprendiz a quien guiar hasta que este levante el vuelo solo.

Lo que inquietaría de todo esto es:

¿Acaso necesitamos muchos, muchísimos más mentores que coaches para una mayor prosperidad de individuos y sus tribus?

Pero esto llevaría años de preparación -- y solo hay una escuela sólida de mentoring:

La que da las miles de horas de excelencia tras cometer docenas de errores sobre el terreno, embarrándose las manos.

Muchas equivocaciones para las que hay que ser muy valiente para encararlas.

Todos los mentores tuvieron ese coraje.

Pero ¿y los coaches?