viernes, 22 de febrero de 2013

8 Falacias del Coaching (parte 2/2)

(Continúa desde la primera parte)
 
#5 - Todas las respuestas están *dentro* de uno.
 
Si así fuera, nuestro grado de presciencia sería tal que, o no tendríamos problemas, o los eliminaríamos nada más producirse pues tendríamos la respuesta de manera inmediata.
 
En suma: jamás nos pre-ocuparía nada. No habría motivo.
 
Por mucho coaching que se haga, uno no puede ayudar a entresacar a un pollo cómo trepar árboles.
 
Muchas, muchísimas veces, hemos de aprender algo para avanzar – y ese algo se encuentra 'fuera' de nosotros.
 
El proceso de aprendizaje no es solo reflexivo, sino experiencial. Y para eso hay que exponerse a situaciones a las que aún no hemos sido expuestos.
 
No: no todo está dentro de nosotros.
 
Salvo lo que hacemos con nuestras experiencias.
 
Olvidarlas.
 
O usarlas.
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#6 - La aseveración 'he estudiado coaching' con (nombre de tí@ importante) como garantía.
 
Falso. Tanto como decir que un licenciado en Medicina es un buen médico o uno en Derecho es un buen abogado porque han tenido a una eminencia como profesor/a. (Excepción: mentoring personalizado a lo largo de muchos años de guía).
 
Se puede aprender a sacarse un diploma con alguien que dice tener la autoridad para bendecir contenidos ('lo que debes aprender como coach es lo que yo te digo') y certificar su superación, lo cual significa dos cosas:
 
1) Que han estudiado con alguien que se inviste de autoridad para bendecir contenidos.
2) Que ese alguien ha certificado que el alumno ha pasado las pruebas diseñadas por el primero.
 
Poco más.
 
Sacarse el carnet de conducir no quiere decir que sepamos conducir 'bien' o cómo funcionan las entrañas de un vehículo: ¿sabemos realizar una conducción evasiva? ¿sabemos qué hacer si patina el coche sobre hielo en una curva en un puerto de montaña al borde del barranco? ¿sabríamos qué hacer cuando una piedra golpea y agrieta completamente el parabrisas mientras vamos a 120km/h y de repente no vemos nada por el cristal? ¿o cambiar un faro mismamente?
 
Del mismo modo, en la instrucción del coaching es frecuente encontrar quien te inunda con botones, palancas y pedales: herramientas e instrumentos de calibración para medir cómo una persona (cliente) 'es' – sin ahondar (no 'mencionar' o 'esbozar': ¡ahondar!) en las neurociencias, las entrañas del cerebro.
 
No se 'aprende' a ser coach; el coach se 'vive' en las propias carnes: enséñame con tu ejemplo personal de avance, no con los contenidos que puedo hallar en Google.
 
En el momento en el que usamos el pasado ('he aprendido coaching', 'he estudiado coaching') o el presente ('soy coach')... ya nos hemos quedado obsoletos.
 
Un buen coach funciona en gerundio ('estoy -permanentemente- aún aprendiendo a ser un buen coach').
 
La complacencia va de la mano de la obsolescencia.
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#7 – Un coach certificado por (XYZ) es una garantía.
 
¿Garantía de qué?
 
El Dalai Lama, Michael Jordan, ese amigo desconocido en Facebook o, ya que estamos, Sócrates no están pomposamente certificados pero sus propias vidas parecen ser un buen ejemplo de desarrollo de potencial humano.
 
Si buscas un buen coach, no, un coach excepcional, búscale por credibilidad e integridad de primera mano – no por su fama o titulaciones.
 
No todo lo que brilla es oro.
 
Y no todo el oro brilla.
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#8 – 'Me siento bien tras la sesión, por tanto me han hecho un buen coaching'.
 
Cuidado con los acaricialomos.
 
Entendamos de una vez - el coaching es, debe ser, incómodo: te lleva a zonas no-exploradas más allá del calorcito de una rutina predecible o una situación subóptima pero conocida.
 
Aprender, muchas veces, lastima, duele, hace pupa: afloran las inseguridades, los límites, los prejuicios, los vericuetos del autoconcepto, los miedos, los 'fracasos' de antaño, las expectativas que, en realidad, son de la sociedad inmediata.
 
Casi siempre se parte de hoja en blanco – pero con todos los lápices de la experiencia que te has ganado a pulso... y los que te quedan aún por conseguir.
 
Si tu coach va directamente a 'ayudarte' (déjale claro que no necesitas ayuda, demonios, solo 'apoyo') a definir tus objetivos, despídelo.
 
Es como preocuparte por el color de la pared del baño del tercer piso cuando aún no has comenzado a cimentar los pilares del edificio. De hecho, ni tienes claro los planos de la casa. O siquiera si lo que deseas es una casa.
 
Hay que comenzar con la Misión, continuar con las visualizaciones y cerrar con los metaobjetivos.
 
Una vez eso esté a prueba de balas (y esto lleva su tiempo: todo pastel requiere su tiempo de horneado), entonces sí, tritura tus objetivos a conciencia:
 
Establece listones, súbelos más, crea contactos, oportunidades, créate a ti mismo, desmenuza tus fechas-tope, recompénsate, vuelve a intentarlo cuando el objetivo esté mal definido o las circunstancias cambian (tienden a hacerlo, sí) y, sobre todo, persevera un paso más allá de la extenuación.
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Nadie dijo que el camino deba ser fácil. Pero la meta, si está bien definida, siempre, siempre, siempre lo merece.
 
No necesitas a un coach para crecer.
 
Pero cuando encuentras a uno fuera de serie – ah, entonces sí: abróchate el cinturón, pliega la mesita y pon el respaldo en posición vertical:
 
Tu despegue será inminente.