jueves, 21 de febrero de 2013

8 Falacias del Coaching (parte 1/2)

#1 - El coach no juzga, no interpreta a su cliente.
 
Si esto fuera así, el coach sería un androide.
 
Precisamente lo que nos hace humanos es la 'interpretación' de nuestra realidad - incluyendo en esa realidad a otros humanos - a través de los filtros externos (nuestros sentidos) e internos (nuestras creencias, experiencias, anhelos...) Es imposible ver la realidad como 'es': la vemos como la deseamos ver.
 
Por mucho que queramos, es imposible no 'valorar' lo que otro humano dice o hace. Cualquier esfuerzo de control es conscientemente represivo ('no debo juzgar, no debo juzgar' reza el mantra del coaching académico), pero esto únicamente es posible *después* de haber ya interpretado (un acto no volitivo del inconsciente, fulminante, incontrolable -- tan reptiliano como cuando se dilata la pupila al ver a alguien sexualmente interesante). Es como ponerle una correa de veinte metros a un galgo: cuando te quieres dar cuenta, ya está a plena velocidad y solo queda intentar frenarlo con fuerza bruta.
 
Y eso solo en aquellos coaches que se esfuerzan en post-reprimir el pre-juicio: consume muchísima energía (glucosa) estar tan tan consciente de la observación de uno como coach que, necesariamente, hay que escoger entre esta y la atención plena al coachee. Forzosamente una u otra estarán frecuentemente en un nivel subóptimo.
 
Toca escoger.
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#2 - Las preguntas poderosas/potentes son aquellas que no son directivas.
 
Es muy muy difícil formular preguntas no ‘cargadas’: nuestro tono, modulación de voz, la elección de las palabras, nuestra comunicación no verbal, puede condicionar (de hecho, condiciona) la respuesta del interlocutor. Los anglos lo llaman 'priming'; el mismo mecanismo que hace que agarres esa chocolatina al lado de la caja del supermercado cuando sabes que no debes.
 
Preguntar '¿qué más puedes hacer?', dependiendo del tono, puede transmitir el mensaje de 'olvídalo, estás perdido' o '¡haz algo, demonios!'
 
Es imposible no ser (siquiera moderadamente) directivo sin parecer un software de reconocimiento de voz.
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#3 - El coach no enseña.
 
El coach *sí* intenta enseñar – sobre todo si ha invertido miles de horas en su propio desarrollo y desea compartir (que suele ser el caso) lo que sabe para beneficio de otros.
 
Ahora bien: una de las cosas que debe enseñar igualmente es que el coachee/cliente ignore aquellas cosas que el coach comparta y que no le sean útiles (sí: sucede).
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#4 – El coach no asesora.
 
Sin embargo, a veces, lo ético, precisamente, es que aporte propuestas (ojo: no soluciones, no decisiones) para ser ponderadas por el cliente/coachee para que salga de una tierra de nadie o de un bloqueo.
 
Si el coach tiene un contacto que podría ser útil para el cliente, lo moral es que lo comparta con su cliente.
 
El objetivo no es 'hacer coaching de manual' sino 'obtener resultados'.
 
(Continuará)