jueves, 14 de febrero de 2013

No-Dinero

¿Es posible vivir (casi) sin dinero?

Hay una revolución silenciosa contra el casino de la banca que con más fuerza está creando valor (que no necesariamente se ha de medir en euros o dinero de Monopoly) para sí y su sociedad y que se ve en cada vez más iniciativas emprendedoras audaces donde no se intercambia (casi) dinero:

Bancos de tiempo, trueque (no se pierdan la historia del tipo canadiense que en un año trocó progresivamente un clip de papel por una casa con jardín) de productos o servicios, divisas locales pertenecientes a una comunidad cerrada (cero inflación, cero intereses, cero especulación), cadenas de favores, crowdfunding, compartición de recursos, intercambio de casas en diferentes localidades, alquiler de coches entre particulares, cooperativas de socios con igualdad de derechos, obligaciones y beneficios...

No debe ser tan marginal como pudiera pretenderse: hay gobiernos que se han dado cuenta de que se les puede ir de las manos (sí: reventar la economía dineraria basada en el Homo Economicus que tantos sueños lúbricos ha dado a los apóstoles de la Escuela de Chicago) y han comenzado incluso a gravar impuestos sobre transacciones donde 'no' hay un intercambio de dinero líquido.

Una razón más para continuar construyendo tu propia tribu -- esa en la que el 'dinero' deja de confundirse, ya era hora, con el 'valor' a esa comunidad.

No: la banca no siempre ha de ganar. Que ellos hayan ideado el juego no quiere decir que debamos continuar bailándole el agua a un croupier psicopático.

Soltemos por un momento el lastre del pensamiento lineal, consecutivo, de la educación cartesiana e hiperhormonada de la escuela: antes de la aparición de la escritura, los Sapiens anticipábamos escenarios mediante la creatividad visual, radial, pensamiento en cuatro y cinco dimensiones, cambiando de atalaya, quebrando dogmas y premisas inamovibles con las que no había razón para casarse.

Sí: ese pensamiento creativo, 'creacion-al'.

No es sencillo, pero no quedan ya muchas más opciones en el reino ya trillado del hiperracionalismo.

Y lleva ya tiempo sonando la alarma.

Es hora de agitar la jaula. De romper el molde.

Es vital actuar.

Fuera de la caja.