jueves, 20 de noviembre de 2014

¿Burbuja en coaching?

Pongamos que alguien asiste a un curso de cómo jugar al ajedrez.

El básico. El nivel 1. El de principiantes. Ese en el que le explican la diferencia entre casilla blanca, casilla negra, torre y alfil.

Poco más.

Aprende las reglas básicas (no es muy complicado) tras unas horas jugando.

Transcurridas esas horas, se imprime unas tarjetas de visita y, voilà, ya puede no solo ser un maestro de ajedrez, sino que cree estar en disposición de entrenar a tipos de la liga de Karpov, Kasparov o Lasker: auténticos genios -- pero que han llegado a serlo tras jugar ¡décadas! de manera [casi] compulsiva.

Una insensatez, no creen.

Posiblemente, esto es lo que esté pasando con el coaching.

Es una disciplina potentísima que se pretende enseñar en apenas unas horas. 

[Des]afortunadamente, el funcionamiento del cerebro lleva muchos años siquiera *comenzar* a entenderlo:

Como no se tengan ciertas nociones de, entre otras, Neurociencia y Psicología, no sirve de mucho más que para calentarle la cabeza a un pobre incauto con barbaridades sin ninguna base.

Una de las fallas, creo, es que a muchos les interesa estudiar coaching: quien no quiere conocerse a sí mismo algo más y empujarse con metas más potentes quizás sea porque ya no esté respirando. 

Ahora bien, que uno desee 'estudiar' coaching para sí no le confiere automáticamente ninguna capacidad, ninguna, para hacer coaching sobre otros: la responsabilidad de trabajar con otra persona es brutal y, si el conocimiento no es aplicado con un rigor y cuidado exquisitos, es como entregarle el maletín nuclear a un macaco. Sabe qué botones apretar [los que más lucecitas tengan]; pero no tiene ni la más remota idea de las consecuencias.

Ni le importan.

Cuidado.

Si se van a embarcar en un proceso con un coach, no contraten a *un* coach. De esos hay miles.

Contraten solo al mejor: no será un coste, sino una inversión -- y, sí, posiblemente una de las más importantes de su vida.

Pero si el tipo no le lleva al 110% de lo que usted creía que podía lograr -- 

Despídalo.

[Gracias a Daniel Romero por este enlace al artículo de El País]