lunes, 23 de abril de 2012

Permanente conflicto

Crecemos en escasez, con la percepción frustrante de la abundancia inalcanzable.

Crecemos mirando por el rabillo del ojo ese tanto más que nuestro vecino (parece que) disfruta, y así nos lo guisamos: nuestra casa es algo más pequeña, nuestro coche algo más viejo, nuestros dineros algo más exiguos, nuestra pareja algo menos esbelta, nuestra hipoteca algo más asfixiante.

Después, aprendemos acerca de diferentes filosofías o concepciones que buscan resolver la incomodidad de esa frustración:
  • Trabaje duro, duro, duro para poder comprar todas esas cosas, o todas esas experiencias que tantas cosquillitas le hacen a usted en el pecho. Claro: cuanto más trabaje, más dinero ganará más trabaja.
  • O, lo contrario: si lo desea con suficiente fuerza, sus deseos se harán realidad. Si no, siempre puede decir que no lo deseó lo suficiente, mientras se toma la enésima aspirina para reducir ese mayúsculo dolor de cabeza de tanto concentrarse en sacar conejos que no tiene de una chistera que no hay.
  • O bien (esta es buena), deje de desear, deje de anhelar tantas cosas sexies, interesantes, excitantes, que ofrece esta vida. A fin de cuentas, no es tan estimulante viajar a playas de aguas transparentes, ascender cotas imposibles, fotografiar faunas inimaginables, montar a caballo por estepas inhabitadas, navegar en kayak sin ver un alma en semanas o atravesar un continente por vías terciarias con la prisa del que nunca ha visto un reloj en su vida. Claro que no.
Estas opciones se centran en eliminar lo que nos parece bello, deseable, apetecible, bueno para nosotros. Como si apretando fuerte los ojos fuera a desaparecer de la mesa esa tarta de chocolate con nuestro nombre por encima. Sin guinda, gracias.

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Prácticamente todos los conflictos se originan en la escasez: percepción de escasez o escasez real.

Desde el que le hinca a usted el codo en las costillas por ese último asiento en el autobús de la mañana, hasta el brutal ataque de celos por echar el cerrojo sobre el amor de su vida, pasando por el envenenado ambiente de una empresa en la que se está despidiendo hasta a las grapadoras.

Emprender (no necesariamente tener, montar, crear, una empresa), quizás pase por crear (ampliar) escenarios n-u-e-v-o-s, abrir senderos donde la nieve aún es virgen, encontrar estrechos que conecten una vida pasada (actual) con una actual (futura) en la que disfrutar de dinero y tiempo para beberse (y compartir) lo que siete mil millones de personas y quinientos millones de kilómetros cuadrados de Tierra pueden ofrecer. (Plan B: ponga fotos de palmeras en el panel de corcho del cubículo donde trabaja y recuérdese cuán aburrido está de ver las mismas caras reuniéndose por memeces cada día).

Hoy puede ser otro día igual que el pasado lunes, martes, miércoles... de la última semana, mes, año, lustro...

Mire bien: sigue sin haber una chistera sobre la mesa.

Pero ese pastel, demonios, no hay manera de que se vaya.

1 comentario:

  1. Gracias por iSi por tus comentarios e 'insights' -

    En efecto, cada vez más gente está 'despertando' e, incluso, hay iniciativas ya desde la escuela para ir sacudiendo algunas telarañas. Quizás sea momento también de innovar en la formación del propio profesorado, pues muchos de nuestros hábitos (los útiles e inútiles) se generan desde la infancia.

    Si acaso no lo hubieras visto aún, échale un vistazo a los vídeos 'The Inside Job' y 'La Doctrina del Shock'. No te dejarán indiferente.

    Es entonces cuando lanzamos la pregunta importante:

    ¿Y ahora qué?

    Aquí es donde asumimos las riendas. Quizás nos dé vértigo, cierto - pero es el precio de la libertad de elección.

    Un abrazo grande -

    G.

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