martes, 6 de diciembre de 2011

Resiliencia

El éxito se mide por cuán alto rebotas
una vez que has tocado fondo.

George S. Patton (1885-1945)


En una cápsula, esta frase sintetiza lo que entendemos por resiliencia.

Un grupo de especialistas en Neurociencia, Psicología, Coaching, Educación y Consultoría estamos trabajando para traer a emprendedores, directivos, educadores, deportistas y público en general esta competencia, a través del Instituto Español de Resiliencia (más, aquí).

La crisis, ah, esta crisis, no nos perdamos, no es financiera - o al menos, no solamente. Hoy está habiendo un cambio de conciencia, de concienciación, en nuestro sistema político, social, económico, de valores, que destapa lo que se entreve tras la opaca mascarada de reuniones del G20:
  • El sistema laboral, como lo entendimos hasta hace una década, no volverá: estamos ante, posiblemente, la mejor (no necesariamente fácil ni sencilla) oportunidad de éxito para los agentes libres que trabajen en redes simbióticas, como contamos en mi segundo libro.
  • El dinero deja de adquirir protagonismo como fin - y vuelve a la posición de la que nunca debió salir: al rol de ser un medio de comprar otra cosa con un valor incalculable: nuestro finito y precioso tiempo.
  • El público ya no busca proyectos vitales basados en tener casa hipoteca, esposx, niñxs, perro, pantalla plana (no necesariamente en ese orden); el público se identifica, es, con lo que hace. Y ya no quiere hacer cosas que no son él/ella. La frase trabajo en lo mío toma una nueva interpretación: en lugar de pasar toda la vida buscando la misión de otro desde donde encajar mi labor -tarea condenada a la frustración-, ahora es construyo una misión, una labor, un proyecto, mío - en el que trabajo.
    • Se abre la veda. Ya no hay límite en la creación, elección de proyectos vitales donde trabajar. Conozco individuos con más de seis tarjetas de visita diferentes que reflejan cada uno de sus proyectos. ¿Locura? No: elección. (Mi propia tarjeta muestra únicamente mi web.)
  • Entramos en parábolas (laborales, vitales, financieras), cada vez más llanas, con puntos de inflexión, de cambio de tendencia ascendente/descendente, más largos - los proverbiales ciclos de siete años que muestro aquí en dos gráficas (el superior con un antes; el inferior con un ahora-mañana) se tornan más oscilantes. En otras palabras, nos pasamos más tiempo en tránsito de una estación a otra que de pie esperando a que pase otro tren.

     
  • Lo que ayer era común ('no puedo cambiar de carrera, llevo mucho tiempo haciendo lo mismo', 'me quedan solo x años más en esta empresa para jubilarme', 'ya tengo casa, ya estoy seguro') y lo que era raro ('estoy en una etapa de transición', 'le he dado la vuelta a mi vida', 'me separo aunque lleve veinte años de infeliz matrimonio', 'he comenzado de cero') hoy es, precisamente, lo contrario.
    • No hay seguridad laboral - ni la volverá a haber jamás.
    • No hay seguridad en las relaciones.
    • No hay seguridad en las carreras profesionales.
    • No hay seguridad académica: y menos con planes de estudio de los tiempos de cuando Apple solo significaba una... fruta.
    • No hay seguridad financiera: es posible ganar una fortuna invirtiendo cero coma cero euros en el marketing de una buena idea, y perderlo todo en la siguiente burbuja-capricho de alguien que se dice inversor. (Un inversor aporta un capital para crear algo tangible y de valor para mercados y empleados, esperando un rédito por su riesgo; un especulador aporta un capital para crear algo tangible y de valor para mercados y empleados, esperando un rédito por su riesgo).
La nueva seguridad es la flexibilidad.

Sea flexible, cree contactos, quítese los anillos para que no le preocupe que se le caigan, fórmese permanentemente, mueva el c*lo a menudo de su confortable y calentita (y reconvertida a impredecible) rutina, y estará, paradójicamente, más seguro. Nadar contracorriente es extenuante. Aprovechar las corrientes que le lleguen en zigzag para llegar al otro lado lleva más tiempo, sí. Pero se acaba llegando.

Desarrollar la resiliencia es posible - y factible. Autoestima, autoconfianza y autoconcepto; resolución de problemas complejos, comodidad con la incertidumbre, establecimiento de metas, creación de redes de apoyo, aceptación (que no resignación) y superación - y todo ello con una base científica. (Malas noticias para el coaching de fogueo). Y todo ello con fundamento lógico y condimento emocional: duro con el problema reto; suave con la persona.

Y, sobre todo, efectivo.

Si alguien cae y se rompe su vida (un despido, una separación, una injusticia) en mil pedazos, puede hacer tres cosas:

Quedarse mirando al suelo, llorando y añorando durante lo que le quede de existencia por aquello que se perdió.

Recomponer los trozos que encuentre y rehacer su vida como pueda, lastrando el dolor de su pasado como un grillete en los tobillos.

Hincar una rodilla, sí - pero no las dos. Nunca. Sino solo para volver a levantarse con la cabeza al frente, y para mirar a la Vida de tú a tú. Regresando al campo de juego - pues el partido, no señores, no ha hecho más que empezar.

Eso es resiliencia.