miércoles, 14 de diciembre de 2011

Inteligencias y Talentos

En nuestras escuelas y academias se ofrecen clases de refuerzo de aquellas materias hacia las que, en muchos casos, el alumno no se haya naturalmente inclinado. Tristemente, no se ofrece mayor refuerzo para aquellas materias en las que el chaval ya despunta. Total, si ya es bueno, para qué molestarse en que mejore.

Es como insistir en reconvertir a un corredor de fondo en un jugador de petanca 24/7. Dilapidar talento, vamos. Como si lo regalaran con los petit suisse.

Parte del rol de padres, tutores, educadores, y cualquier adulto que trate con pequeños y a los que les importa que estos últimos no acaben toda su vida a) trabajando en para un banco ó b) saltando de empleo en empleo [no tanto para buscar donde encajar, sino como un medio para encontrarse (o crearse) a sí mismo] consiste en estar atento a las señales de los talentos naturales, los de fábrica, con los que aterrizamos en este mundo.

Que los hay.

Si trabajan ustedes en empresas razonablemente grandes, antes o después habrán oído la proverbial odisea de los departamentos de Recursos Humanos por alinear (un edulcorado '¡se cuadren, c*ño!') al empleado con los objetivos de la empresa sus jefes. El lenguaje, curioso, quiso que de alineación a alienación, tan solo hubiera un pequeño baile de letras. Apuesto con ustedes a que no encuentran una sola persona perfectamente alineada con los objetivos del sitio donde trabaja - si está aquel contratado por cuenta ajena. Ni mencionar si trabajara solo por el dinero de cada mes.

Pero volvamos al cole.

Eduquen, extraigan, destapen, aquello en lo que el chaval despunta y, sobre todo, disfruta; y proporciónensele los recursos para que exprima esos talentos.

¿O acaso queremos condenarles a desarrollar sólo los talentos más demandados por el mercado que le rodea (estudia algo con salida; hazte programador, que ganas una pasta) para convertirle en un rico... que antes o después se preguntará en su edad adulta pero qué demonios estoy haciendo con mi vida?

La próxima vez que estén jugando (los juegos son particularmente reveladores) con un chaval, fíjense en su empleo (habilidad y disfrute) del lenguaje (con ustedes, el próximo Nobel de Literatura); su destreza en el uso de su capacidad motora (¿un nuevo atleta en ciernes?); su habilidad artística (pintura, escultura, arquitectura - ese Lego -, música, diseño); su empatía y simpatía (consigo mismo, con los demás); y, por supuesto, la habilidad que nuestra sociedad ceba con esteroides: la lógica-cartesiana.

Tomen nota del modo en que el pequeño juega, se desenvuelve; escriba algunos ejemplos, aunque sean anecdóticos, de aquello en lo que parece que disfruta y, encima, es bueno haciendo.

El esfuerzo de usted hoy le ahorrará a esa persona mañana tiempo, energía y dinero intentando descifrar por donde guiar sus pasos profesionales más allá de las avenidas convenientemente pavimentadas y con salida.

¿Para qué, de todos modos, querría alguien salir de algún sitio donde se halla cómodo?