jueves, 16 de agosto de 2012

Transformación

Muchos de los que han tenido la oportunidad de disfrutar de unos días de descanso han invertido unas buenas horas en hacer algo que, cada vez, es más difícil hacer:

Pensar.

Pero no pensar en lo siguiente que tengo que hacer hoy. Digo pensar de reflexionar, valorar, calibrar, abstraerse de uno mismo para ver el paisaje de la propia trayectoria desde otra atalaya.

Vivimos en un entorno de demanda de atención permanente: el penúltimo y escabroso titular del periódico, un SMS, una llamada, un WhatsApp, un email, la actualización del FB, ese tweet con la foto de la paella, corre que se enfría, el hijo, la hija, la pareja, el perro que si hoy le sacas tú que yo ya he sacado la basura...

Con un poco de suerte, el móvil, el ordenador, quedó olvidado y, de repente, nos hemos encontrado con ese señor, esa señora, que somos cada uno, que parece, en ocasiones, ser un desconocido: estamos tanto tiempo en operaciones propias de mantenimiento (comer, pagar facturas, buscar clientes, apagar fuegos, arreglar el coche), que olvidamos para qué estábamos haciendo todo eso en primera instancia.

Leo en muchos lugares la importancia de 'ser' uno mismo... un reto que pasa, paradójicamente, por aislarse de cuando en cuando para figurarse, experimentar, probar, más allá del ego nuestro que nos cuestiona ('¿y qué dirá tu familia?', '¿no te irás a 'rebajar' para trabajar en eso, verdad?', '¿cómo que vas a cambiar de carrera/pareja/profesión/oficio/país, si llevas X años haciendo lo que haces?')

Sin embargo, 'ser' uno mismo es una foto, estática, inamovible, inerte. Somos tal cóctel de experiencias, (des)equilibrios hormonales y químicos, pendientes de estímulos, observando la realidad que nos rodea, interpretándola contra el registro previo de nuestros recuerdos, que 'ser' es, virtualmente, imposible. En todo caso, somos un proyecto permanente de 'siendo', en movimiento, en fase de construcción disculpe las molestias, modificable, maleable, flexible (cuando queremos).

Muchos nacen con un talento o más, innato, inherente, de fábrica. '"Es" hábil, inteligente, creativo', diremos de esa persona. Y, sin embargo, hay individuos torpes, menos lúcidos, más sobrios... que acaban alcanzando un éxito más allá del de sus avanzados colegas de talento genético.

Es el resultado de la perseverancia obstinada, del esfuerzo.

Sin esa obstinación, el talento es desperdiciado.

Al igual que la semilla sola no basta para que ese árbol macizo germine y crezca. Hace falta algo más.

El verano termina pronto.

Es indiferente que sus árboles anteriores no fueran como imaginó o que fueran arrancados por el huracán de las circunstancias.

Sea su propia semilla de nuevo.

Hay tiempo.

Siembre.