lunes, 9 de junio de 2014

#RompeLaZonaDeConfort – Idea Nº3 :: Enfoque

Los inspirados nos juran que la libertad se encuentra abandonando todo deseo (¿todo?), insistiendo en la meditación y variedades caleidoscópicas de Zen -a golpe de exóticos cuencos- para vivir solo en el presente, anestesiando de paso nuestra capacidad (y necesidad biológica crucial) de intentar anticipar el mejor de los futuros, el mejor de los escenarios: ese que nos mantendrá vivos y, quizás, con algo más de bien-estar. 

Visto así, parecería que determinadas técnicas de moda, de repente, consideraran que el mismo lóbulo prefontal que puso ahí la Evolución detrás de nuestra frente para gobernar nuestra vida, nos sobra tanto como el vello corporal que cubría nuestra piel hace miles de siglos. 

Pero no puede ser así: la Naturaleza, que es sumamente eficiente [y, desde luego, nada estúpida] no va a invertir eones en crear teramillones de neuronas para anticipar posibles futuros que mantengan a su dueño vivo para que, al final, las cloroformicemos repitiendo monosílabos hasta el éxtasis. 

Quizás determinados tipos de meditación relajen la mente. Otros la aletargarán. 

Pero otros, definitivamente, la vuelven inepta.

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La idea de distancia es bien entendida por nuestro cerebro. Sin embargo, la noción de tiempo es un mero constructo imaginativo que nos inventamos en algún momento de la prehistoria para, posteriormente, inventarnos la prisa o la pereza con la que agobiarnos durante ese tiempo. 

Nosotros [nuestro cerebro] *somos* en función de un compendio de dos cosas: lo que hacemos con nuestra vida pasada (los recuerdos que queremos recordar, en los colores que queramos elegir) y el futuro que deseamos planificar. Si nos dedicamos a vivir única y permanentemente en el presente, lo que hacemos es rendir nuestra capacidad de *elegir* un futuro [de los infinitos posibles], para someternos a las modas de cualquier vendepócimas con su penúltimo juguete con apellidos como trascendental, místico, mágico o cuántico. O, sí, coaching (incompetentemente ejercido).

No se pueden evitar los deseos (por algo o alguien). Asumamos esto ya, en lugar de seguir creando gente frustrada [por no conseguirlos] y gente avergonzada [por intentar reprimir algo que nos es a todos natural].

Finalmente, otros iluminados y bañados en gracia, por su parte, nos aseguran que hay otra vida más allá en la que se garantizará la Felicidad si, mira por donde, cumplimos con sus preceptos en los años que hemos de caminar sobre la Tierra. 

Obsceno desperdicio: una vida entera entrenando para un partido que jamás tendrá lugar.

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La libertad absoluta reside únicamente en la capacidad de decidir:

Si estás ahora donde, cómo, con quien, quieres -- eres entonces libre.

Y si no...

No será cuestión de discutir acerca de la felicidad psicotrópica con los tantos expertos psicotrópicos que intentan narcotizarnos con sus psicotrópicas alucinaciones.

No consistirá en rehuir de nuestra propia frustración por el fracaso: agradezcamos lo que tenemos hoy, apreciemos el dolor de lo que aún-no-es.

-- pero, sobre todo, batallemos por aquello a lo que aspiremos mañana.

La posibilidad de blandir nuestras armas para esa batalla: nuestra Obstinación, nuestra Determinación, Claridad, Astucia -- nos otorgará una Libertad suprema.

Acabó ya el tiempo de las palabras.

No hay más promesas de Paraísos.

Solo Paraísos. 


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