lunes, 11 de abril de 2011

El Sistema (de otros)

Uno a veces tiene que ser crudo con lo que percibe.

Hace unos meses comenzamos con un programa educativo/experiencial de emprendeduría para un grupo de adolescentes. Nos zambullimos el primer día con una sesión grupal, más inquisitiva que práctica: buscábamos calibrar, tomar la temperatura del grupo con el que íbamos a trabajar durante los siguientes meses.

He aquí como veían entonces su futuro:
  • "Estudiamos para: a) trabajar para otros durante 30-40 años; b) para entrar en el paro; c) depender de algún subsidio del gobierno".
  • "Si queremos emprender, tenemos que ir a un banco a endeudarnos por lo que, cada mañana, ya no nos levantaremos para desarrollar nuestra idea, sino para devolver la deuda". Qué duda cabe: en tiempos de bonanza, el banco gana: en tiempos de crisis, también. ¿Alguien imagina por qué los gobernantes (excepción –posible- hecha de Islandia) no tocan al estamento financiero?
  • "Mi abuelo compró su casa al contado. Hoy hay que hipotecarse a 45 años y pagar en intereses un 50% del precio de una propiedad". No, no todos los treintañeros quieren quedarse en casa de sus padres.
  • "No podemos ahorrar y, aunque pudiéramos, lo que ahorráramos se lo comería la inflación y/o el incremento de precio de bienes y servicios básicos (luz, agua, gas…)". Y si falta dinero, añado yo, fácil: incrementemos la deuda del país y saquemos la impresora de billetes. Total: ya lo pagarán (?) nuestros (bis)nietos mientras nosotros estemos criando malvas.
  • "Nuestro sistema de vida es irresponsable con el medio ambiente". Hablaban del daño al ozono. Y esto, sin saber lo que iba a pasar en Japón este pasado marzo (y que no ha hecho más que empezar).
Como parte del análisis interno, añadimos nosotros:
  • Un chaval de 18 años hoy es, en general, menos maduro, menos autoresponsable, que un chaval de 18 años en, pongamos, 1950. Ni menciono los que andaban cazando bisontes para su tribu hace siglos.
  • Por otro lado, la adolescencia dura hoy hasta los treinta y pico años en muchos casos: mantenemos a la gente entretenida (o adormecida), que no feliz, a base de crear nuevos modos de anestesia cuando vuelven (los afortunados) de su trabajo cada tarde.
  • Si se nos deprimen, los mandamos a terapia, a un estadio de fútbol, a coleccionar experiencias en masa como si de una competición se tratara, algunas de las cuales son lesivas para mente, cuerpo, espíritu o las tres cosas. Es indiferente que el estado natural del humano no sea la apatía, la tristeza, la resistencia, la lucha, la desilusión: anestésiesele y mándesele de vuelta al cubículo a producir.
  • A los humanos se les fuerza a a integrarse en una empresa, encerrados contra natura en un edificio cerrado, un sótano, una oficina, rodeados de otros humanos que también están forzados, obligados, a vestir, actuar, hablar de determinada manera coherente con el Libro de Estilo, durante horas, semanas, meses y años (fiscales, of course) hasta que la gente a) se quema (y buscan otro lugar para continuar dorándose por el otro lado); b) enferma (gran parte de las infecciones respiratorias tienen su origen en el estrés que autombardea el sistema inmunológico) c) despiertan... y/o d) hacen algo con ese despertar. [No, los humanos no estamos diseñados para vivir comprimidos en grandes urbes con millones de otros humanos. Ni siquiera estamos hechos para que nos gobiernen (otra cosa es que necesitemos auto-organización en tribus, con un máximo de unas 150 personas, como demuestra Gladwell en su Tipping Point)].
(Nota: tenemos todavía los proyectos en el horno – en cuanto veamos el resultado, en pocos meses ya, lo publicaremos aquí. Como aperitivo: todos los proyectos han sido autofinanciados por individuos con bajo o nulo acceso a financiación "clásica", léase banco. Ciertamente, la mejor manera de salir del barro no es rebozándose en él).

Ahora, lector/a crítico/a, lánceme el torpedo:

“El sistema está claro. ¿Cuál es la solución?"

Desafortunadamente, solo puedo ofrecerles seis propuestas - y ninguna fácilmente digerible para estómagos delicados y habituados al forraje que nos pretenden servir:

  1. Acepten el diagnóstico (el suyo propio: quien quiera ver, que vea - lo que quiera ver).
  2. Rechacen la solución liofilizada y enlatada que les/nos siguen dando con embudo.
  3. Piensen en su (singular, de usted) propia solución. Ya han visto que lo que les funciona a otros… les funciona (casi) solo a ellos. En muchos casos, incluso, drenan a los demás para su propio beneficio.
  4. Hagan de su sueño su misión en su vida mientras respiren.
  5. Disfruten el camino. Sucumban a la herejía: más samba y menos trabajar… Ideen mecanismos de ganar dinero y, sobre todo, tiempo para ustedes.
  6. Compartan su experiencia y su éxito cuando lo alcancen: inspiren a otros a soltar lastre y levantar vuelo. Y que ese éxito que ustedes consiguieron no se convierta en el lastre (el debe ser así) de otros que aspiran a tocar el cielo.