martes, 7 de mayo de 2013

La ¿crisis? de los 40

La 'crisis de los 40', esa cosa que sucede en cualquier momento entre los 25 y los 85 años, es, en realidad, una puerta ante la que nos detenemos en pie mientras tomamos una decisión:
 
- Cruzarla y emplear el resto de nuestra vida utilizando únicamente lo que hemos aprendido hasta el momento, es decir, continuar transitando las autopistas convenientemente pavimentadas por otros que, aseguramos, conducen al 'éxito', o
 
- Olvidarnos de esa puerta y salir sigilosamente por la de atrás a campo abierto – ahí donde las puertas dejan de tener sentido porque decidimos dirigirnos a cualquier dirección que nos plazca.
Es hoy, ahora, un excelente momento (siempre habrá uno 'mejor', así que no mareemos más la perdiz) para decidir de una vez por todas cuál será tu Misión en esta vida (apóyate en un coach, un mentor, o en tu mejor amigo –el de las palmaditas en la espalda no, por favor-) y vivir acorde a ella el resto de tu discurrir sobre este planeta.
 
Durante la primera mitad de nuestra existencia simplemente rodamos sobre los raíles unidireccionales y mono-tono de las misiones de otras personas, acatando todas las pautas de nuestra existencia: desde lo que comemos hasta el modo en que amamos, pasando por cómo nos hipotecamos o a quién votar azul-o-rojo para que continúe vampirizando nuestro bien-estar para sostener el suyo.
 
Sin embargo, siempre llega, siempre, el día en que amanecemos y decimos 'ya basta'.
 
El día en que ya no queremos obedecer más (ni siquiera a aquello que no sabíamos que estábamos obedeciendo).
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Es ese el Gran Momento.
 
Es, sí, también, la Gran Crisis -- pues decidimos arrojar por la borda una carta de navegación que describe a la perfección trayectorias para un océano que no es el nuestro y ya solo (¡¿solo?!) nos queda guiarnos por nuestra propia Estrella del Norte:
 
Nuestra Misión.
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Pero además de esa crisis, también es el día de nuestra Independencia: somos nosotros ahora los que decidimos qué, cómo, con quién, para qué, cuándo, dónde.
 
Y eso da vértigo. Mucho.
 
Pero no tanto más que el que ya experimentas cada vez que haces algo realmente, realmente, realmente extraordinario para ti y tu gente.
 
Deseo de veras vértigo en tus días.
 
Significará, sin duda, que estás viviendo tu vida.
 
En tus términos.
 
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