lunes, 10 de diciembre de 2007

Inspiración

Incluyo la foto de un poster que vi en un colegio público en EEUU.

La reflexión, para cada uno.

Dice algo así:

'PUESTO DE LIMONADA DE ALEX.
Recaudó un millón de dólares para luchar contra el cáncer.
Incluido el suyo'




¿Cuánto cuesta tu sueño?

Hace unos días me puse a hablar con un tipo que lleva una empresa de venta de cosméticos de importación en los pasillos de los centros comerciales de medio país. El chaval, en cuestión, gasta unos 25 años y lleva ya ganados (y ahorrados) algo así como 90.000€. Algo francamente portentoso visto el tiempo que le ha llevado ganarlos: algo menos de un año.

Eterno curioso, le pregunto cómo lo hace: quizás pueda incluirlo en el blog.

Respuesta práctica donde las haya: me invita a presenciar en vivo su particular 'proceso de selección' (le pongo ese nombre por no llamarlo 'acto' de selección) a una chica que venderá para él en los próximos meses. Reproduzco el diálogo:

- Emprendedor: '¿Para qué estás aquí?'
- Entrevistada: 'Porque quiero ganar mucho dinero'
- EMP: '¿Para qué?'
- ENT: 'Porque quiero comprarme muchas cosas'
- EMP: 'No me interesa tu 'por qué', sino tu 'para qué'.'
- ENT: 'Para viajar durante un año por el mundo'.
- EMP: 'Y eso, ¿cuánto te cuesta?'
- ENT: 'Unos 50.000€'.
- EMP: '¿Vas a ser capaz de hacer ese dinero?'
- ENT: 'Sí.' (Ni asomo de duda en su cara).
- EMP: '¿Cuánto deseas viajar por el mundo?'
- ENT: 'Más que nada. Es mi sueño'.
- EMP: 'Perfecto. Empiezas en media hora.'

Cada empleado puede ganar hasta unos 4.000€ al mes. Y no son casos contados. No me sorprende que le vaya tan bien: contrata gente 'con hambre', con la que comparte sus ganancias generosamente, cuando las hay. Si no las hay, todos a fastidiarse, incluido él. Y a trabajar más duro.

El sueño del muchacho en cuestión es producir su propia película en EEUU y, como nadie le daba financiación, ha encontrado el modo de financiarse a sí mismo.

No quiere casas. No quiere coches. No quiere diamantes.

Solo quiere dirigir una película. SU película.

He apuntado su nombre. Tengo la certeza de que lo veré en los créditos de una producción de Hollywood muy pronto.

viernes, 7 de diciembre de 2007

Invirtiendo en ti (III): Contactos y Networking

El dicho está claro: 'no importa tanto qué sepas hacer, sino a quién conozcas'.

Cuando empecé trabajando por cuenta ajena en Recursos Humanos, solía tener un prejuicio contra todos aquellos 'enchufados' cuyos CVs caían en mis manos con la orden expresa de mi entonces jefe de contratarlos tras una entrevista, digamos, 'ficticia'. (Los conflictos que tuve con él a raíz de este tipo de prácticas le animaron a buscar a alguien algo más 'dócil'... Pero ya hablaremos de eso otro día).

Mi prejuicio en cuestión es que todos esos 'enchufados' eran unos vagos cuya falta de capacidad requería de 'papá', 'mamá', o de aquel tío lejano que era vicepresidente de no-sé-qué multinacional para 'ayudar al niño'.

Y sí, ciertamente, hubo unos cuantos de esos, algunos con apellidos particularmente ilustres.

Pero, sin embargo, también hubo profesionales excepcionales que tan solo necesitaban ese empujoncito para situar su CV en la parte superior de la pila de candidaturas y que luego resultaron ser tanto o más competentes como el que más.

Entre las personas a las que preparo para encontrar mayor éxito financiero/profesional, hay quienes prefieren mantenerse por la vía del trabajo por cuenta ajena y que, para encontrar mejores empleos, insisten en sacarse más masters, cursos y cursillos lo cual, francamente, es muy útil. Sin embargo, también preparamos conjuntamente estrategias de networking y generación de contactos de valor para potenciar con ellos situaciones de cooperación yo-te-ayudo-y-tú-me-echas-un-cable que pueden ser más efectivos a veces que el más caro de los masters (a donde, por cierto, se dirigen muchos estudiantes no tanto por el temario, sino por la red de antiguos alumnos que puede ofrecer la escuela de negocios). Los mejores o únicos trabajos NO aparecen solo en los periódicos del domingo en la sección salmón. Hay que moverse.

Y no solo para encontrar mejor trabajo. Acabo de volver de un viaje en EEUU en donde me han ofrecido participar en un desarrollo inmobiliario de alto retorno y riesgo moderado (político) en cierto país del continente. (Para los realmente interesados: mínima inversión, 50.000$; ROI superior al 40% en un par de años; para más info, mandadme un email). No es el tipo de inversión que tampoco se encuentre publicado en el periódico del domingo.

Por cierto, me sigue intrigando en aquel país (EEUU), lo activos y poderosos que son los lobbies, una especie de institucionalización de los grupos de presión (un buen amigo lo tilda de 'oficialización de la mordida') que determina las directrices del país más poderoso del mundo. Una vez comprendida la filosofía que hay detrás, se puede o no estar de acuerdo o juzgarlo. Pero lo cierto es que, a los miembros de esos lobbies, les funciona ejercer su influencia (networking) con el político de turno y, este, a su vez, se ve beneficiado igualmente.

Como todo, muestra su lado oscuro (corruptelas varias), pero, bien ejercida (ganar-ganar), y como animales sociales (zoon politikon, Aristóteles) que somos, no es que sea importante el desarrollo de relaciones de valor, sino que es fundamental para alcanzar lo que se aspire: un mejor puesto, un equipo para lanzar una empresa, un buen compañero de viaje.

Hay un dicho en África que dice: 'viaja más rápido el que viaja solo; pero viaja más lejos el que va acompañado'.

lunes, 29 de octubre de 2007

'Esta es MI empresa'

Un buen amigo colgó hace tres años su corbata de banquero y cambió su vida por un ordenador portátil, dos amigos, un piso prestado, muchas ilusiones y una sola ambición: diseñar las mejores páginas webs, con la mejor profesionalidad y al mejor precio.

¿Las motivaciones? Las que son cada vez más frecuentes encontrar, y que son tan especiales y únicas para cada uno de nosotros: ‘ser mi jefe’, ‘controlar mi tiempo’, ‘crecer ilimitadamente’, ‘dar un buen servicio’, etc.

El primer año apenas cubrieron costes.

El segundo año facturaron lo suficiente como para poder reinvertir en equipos nuevos.

Este tercer año recibieron su primera oferta de adquisición de su empresa, visto su crecimiento, competitividad y, cómo no, su cartera de clientes.

Esto fue antes de verano. Después de verano, en dos meses, han conseguido facturar más que lo de los 24 meses anteriores. Recalculando el valor de la empresa, se dieron cuenta de que la potencial empresa compradora ya no podía permitirse la adquisición.

‘Si seguimos así’, me dice uno de los tres socios, ‘vamos a tener que contratar a más gente y buscar oficinas más grandes el año que viene’.

Se equivocó: tienen que hacerlo… pero de inmediato porque ya no dan abasto con sus instalaciones actuales.

No les preocupa el dinero, cuánto facturan, cuánto será su ‘nómina’ mensual. Tan solo el que sus diseños sean impecables. Que el cliente vuelva. Que hable bien de ellos.

Que se preparen los grandes, porque además, como ellos dicen: ‘no nos da la gana vender’.

Anita Roddick (la recientemente fallecida fundadora de The Body Shop) dijo una vez que ‘si crees que eres demasiado pequeño para marcar una diferencia, prueba a irte a dormir con un mosquito en la habitación’.

Algunas grandes ya están oyendo los zumbidos.

jueves, 11 de octubre de 2007

¿Master o no Master?

He aquí la cuestión.

Mientras trabajaba para un jefe, tuve la oportunidad de entrevistar a docenas y docenas de personas con excelentes CVs y Masters que, hace veinte años, hubieran dejado con la boca abierta al más pintado.

Hoy, sin embargo, es sorprendente la ingente cantidad de personas que entran a estudiar un master para a) conseguir un trabajo y/o b) subir su salario a la escala de mileurista. Malos retornos para una inversión que supone miles de euros en matrículas, materiales, etc.

He recibido varios emails de personas que, tras leer el libro, se están replanteando si estudiar o no un postgrado, sobre todo en una Escuela de Negocios. (Por cierto, un buen amigo, exdirector de Recursos Humanos e integrante de una Escuela de Negocios, me dice que, en muchísimos casos, la impartición de esos masters son, más bien, un ‘Negocio para la Escuela’, o una ‘Escuela de (sus) Negocios’).

Es patente que en nuestra civilización y siglo, formarse, educarse, entrenarse de manera permanente es absolutamente crítico – no solo por los aspectos profesionales / financieros, sino como pilar del desarrollo máximo del potencial individual al que todos aspiramos.

Sin embargo, la ruta no debe ser siempre: carrera -> postgrado (master) -> trabajo.

¿Y por qué no?

Porque tenemos tal saturación de masters (y universitarios, algunos excepcionales) en el mercado laboral que, por pura Ley de la Demanda y la Oferta, hunde los precios (salarios) con los que ‘comprar’ ese talento.

Muchas de aquellas personas que me escribieron para solicitar una opinión adicional que añadir a su proceso de decisión, se dieron cuenta de que antes de preguntarse ‘¿qué master estudiar?’, es necesario preguntarse lo siguiente:

¿Cuáles son mis objetivos personales en los próximos 3-5 años? Sí, suena muy sobada esta pregunta, ciertamente. Pero me apuesto contigo una cena a que aún no lo has hecho.

Prueba a dedicarte unos instantes a considerarlo: comprobarás lo poderosísimos que son los resultados de invertir tiempo en canalizar tus esfuerzos del día a día, para corregir lo corregible y para celebrar lo celebrable – que es mucho. (Por cierto, hace unos días vi en un colegio un póster dirigido a niños de 5 años en el que había escrito algo así: ‘Shhhhh, dedica todos los días unos minutos de silencio para pensar’. ¡Por fin!: alguien se dedica a enseñar a los niños a reflexionar y estar consigo mismos en vez de reventarles la agenda de actividades de 8:00 a 20:00 cada día).

¿Cuáles son mis objetivos profesionales? Ojo, no los financieros – no los confundamos. Es cierto que tu profesión te puede servir para colmar tus necesidades financieras. Pero si no lo hace, descuida: es normal (digo ‘normal’, no ‘aceptable’), porque así nos llega desde pequeñitos el mensaje: 'estudia esa carrera con salida para encontrar trabajo, que el dinero llegará solo'.

'Sí, sí; claro, claro'.

En mi caso, hasta hace unos meses, trabajaba solo porque quería cuando quería, y en lo que quería y me gustaba. Sin embargo, y en honor a esos profesores que tuve en el colegio, he de darles la razón: trabajar es necesario para la salud mental y emocional. Así que me puse de nuevo en movimiento para llevar adelante algunos proyectos que siempre quise hacer (sí: el Seminario es uno de ellos). Por tanto, mi recomendación es: haz lo que puedas para forrarte, pues es la mejor y única manera de ser realmente ‘libres’ (siendo la ‘libertad’ la capacidad de hacer con tu tiempo lo que te venga en gana), pero nunca dejes de trabajar – especialmente para beneficiar a otros. La satisfacción que percibirás valdrá mucho más que la suma de todo el dinero que puedas imaginar. Y eso, como me dijo un chaval hace unos meses en una charla en una universidad, ‘mola’. Sobre todo al irte cada noche a dormir.

¿Cuáles son mis objetivos financieros? Sorpresa, hay estudiantes que salen de un master prestigioso con -100.000 euros/dólares en su bolsillo, ya que deben devolvérselos al banco que se los prestó para ir a estudiar. Y no todos ellos están precisamente contentos con una situación por la que tienen que encontrar un buen trabajo para quitarse de en medio la deuda y, solo entonces, comenzar a crear su propio patrimonio en números negros.

Una de las personas que más me inspiró en su momento para comenzar a invertir me lo dijo muy claro: ‘lo difícil es hacer los primeros 100.000; pero una vez que los tengas, los puedes convertir en un millón’. Pues sí. Qué razón tenía.

Si tuvieras 100.000 euros, entonces, ¿los emplearías en un master? ¿o los invertirías para convertirlos en un millón?

¿Cuál es la mejor respuesta?

Está claro:

La tuya.
_________________________

Solo cuando tengas esas tres cosas claras (objetivos personales, profesionales y financieros) decidirás con mayor claridad:

¿Master o no Master?

domingo, 23 de septiembre de 2007

Lidera. Decide. Crece.

Durante años he estado mamando las eternas discusiones acerca de si el líder nace o se hace. La respuesta (‘mi’ respuesta, la que me funciona para mi propia explicación del mundo) es que hay líderes que ‘nacen’ y otros que se ‘hacen’ si, cuando hablamos de ‘liderazgo’ nos referimos a ese tipo que se pone delante de un grupo de gente y los anima, empuja, motiva a que esa gente llegue a conseguir un objetivo común (sea este constructivo o destructivo).

Sin embargo, hay otro tipo de liderazgo, muchísimo más importante y relevante, y que tendemos a obviar:

El liderazgo de nosotros mismos. De nuestra vida. De nuestras decisiones. De las responsabilidades sobre las consecuencias de esas decisiones. De la iniciativa por corregir lo que no funciona. De la humildad de apreciar aquello que funciona. Del coraje de decidir, incluso, aquellas decisiones que sabemos van a ser duras para nosotros o poco populares para la gente que nos rodea pero que, sin embargo, sabemos dentro de nuestro pecho que ‘es lo que se debe hacer’.

Y ese tipo de liderazgo, siempre, se ‘hace’ a partir de la construcción de experiencias y reflexiones de nuestro día a día. Ninguno nacemos haciéndonos cargo de nuestra vida, sino que lo aprendemos a raíz de nuestras vivencias acumuladas… y, sobre todo, de lo que hacemos con esas vivencias.

Entre mis clientes es frecuente la frase ‘no tengo tiempo para terminar lo que tengo que hacer’. Por no mencionar el tiempo que todos hemos de encontrar para reflexionar acerca de la marcha de la propia vida, media hora cada día por lo menos. Yo les animo a que ‘encuentren el tiempo, como sea, para hacer lo que es, realmente importante’. Sobre todo antes de que sigan pasando las estaciones del año tan fugazmente que, cuando nos queramos dar cuenta, habremos consumido el 30%, 50%, 80% de nuestro tiempo en el planeta.

Zip. Así de rápido pasa.

La mayor parte de los cursillos de ‘Gestión del Tiempo’ son maravillosos constructos teóricos pero en muchos casos inaplicables por la misma naturaleza de la vida esta que vivimos: esto es, que es impredecible y que, cada día, nos tira delante de las ruedas situaciones, problemas, decisiones que hemos de acometer con valor…

… particularmente antes de que ‘la Vida’ (comoquiera que la entiendas), decida por ti por no haber actuado por pereza (‘ya decidiré en otro momento’), miedo (‘¿y si me equivoco?’) o por autoengañarnos con visiones ficticias de la realidad (‘sí, veo el tren viniendo hacia mí, qué grande es, pero seguro que se parará antes de llevarme por delante’).

No recuerdo donde leí (¿o tal vez era una película?) que una persona se da cuenta de que ha dejado la infancia y ha comenzado a ser adulta cuando se encuentra con un montón de problemas sobre los que él debe hacer algo… atrás quedaron padres, tutores, profesores, maestros que los resolvieran por nosotros. Es entonces cuando, sí: dependemos de nosotros.

Bienvenidos a la edad adulta.

Algunas veces, esos problemas son menores, por lo que las decisiones no tienen dificultad en ser ejecutadas. Pero otras son tan grandes (o son grandes gracias a nuestra certeza de que el cielo caerá sobre nuestras cabezas – Abraracurcix dixit), que, a pesar del análisis que hagamos (si lo hacemos) o de nuestra experiencia, tememos las consecuencias como si, sean las que sean, fueran a ser desastrosas.

Un día, un discípulo de Sócrates le preguntó: ‘Maestro, me encuentro ante dos decisiones, y no sé cuál he de adoptar.’ Sócrates respondió: ‘no sé cuál has de tomar; pero sí te puedo decir que, sea la que sea la opción que decidas, en un tiempo te preguntarás por qué no decidiste la otra opción’. Naturaleza humana: queremos lo que no tenemos.

Pero sí: es importante querer, también, lo que tenemos. Apreciarlo. Agradecer que lo tenemos. Cuidarlo. Protegerlo. Compartirlo.

Churchill decía que, en la vida, el 90% de las cosas de las que nos preocupamos nunca suceden.

¿Sucede así en tu vida?

¿Tienes alguna decisión de relevancia pendiente y no encuentras el tiempo para reflexionar acerca de ella?

Encuentra ese tiempo si, de veras, esa decisión es importante para ti. Si no, alguien, de algún modo, la decidirá por ti. Y, muy posiblemente, será una decisión que a ti no te guste.

Pero luego no habrá nadie alrededor a quien responsabilizar por las consecuencias.

Sí: somos adultos. Menos mal. Eso de que decidan por nosotros no lo llevamos muy bien.

La concepción de ‘éxito’ y ‘fracaso’ por esas decisiones es subjetivo, personal. Y la vida viene aderezada por ambos. Aceptémoslo tal cual. Total: antes o después, tendremos de ambos.

Si disfrutas de un ‘éxito’, valóralo, date una palmada en la espalda, compártelo.

Si te enfrentas a un ‘fracaso’ (comoquiera que tú lo definas) tienes dos opciones: lamentarte y no hacer nada…

O actuar.

Levántate, pues, una vez más de las veces que te hayas caído en esos ‘fracasos’. Porque, de pie, serás más fuerte, tendrás más sabiduría, más experiencia.

Y nuestro mundo necesita este tipo de personas.