miércoles, 1 de julio de 2009

Decisiones Estratégicas... o casi

Hace unos días me fui a tomar un helado en una de las tiendas de una cadena internacional (ahorraré la publicidad, pero diré que cuesta deletrear la marca) y me encontré con los resultados de unas políticas de reclutamiento y formación que, en fin, merecerían una patada en el c*lo a quien se le ocurrieran.

Uno de los combinados que ofrecía la tienda incluía un gofre y un par de bolas de helado que ¡necesariamente! tenían que ser de dos sabores concretos, ninguno de los cuales me gusta.

Le pregunté cortésmente a la dependienta si, por favor, pudiera cambiarme los sabores de las bolas por otra cosa.

En verdad, la pregunta la planteé como retórica, nunca pensé que me respondiera con un sencillo 'no, señor'.

Lo que prometía ser una satisfacción gloriosa de mi más bajo apetito por un helado tras estar un buen rato a 35ºC al sol acabó durando casi media hora.

El diálogo fue algo así:

Yo: '¿Podría cambiar los sabores de los helados? Realmente no me gusta el capuccino ni el dulce de leche.
Heladera: 'no señor'.

Yo (pre-atónito): '¿por qué no? ¿acaso cuentan las bolas de helado del contenedor' (debe ser de 10 litros) 'cada noche? (pregunta hecha intentando crear buen rollito, a ver si la buena señora se aviene a cambiarme las bolas).
Heladera: 'sí señor, contamos las bolas cada noche'

Yo: (sin saber ya si me estaba tomando el pelo o si andaba en serio). '¿En serio? ¿Y luego las vuelven a meter en la cubeta?'
Heladera: 'no señor, es que la caja registradora no permite cambiar de sabores'.

Yo: (no sabía si reirme). '¿Y si los cambiamos sin que se entere la caja registradora?'
Heladera: 'no señor, no se puede. Y además, tendría que consultar a mi supervisora'.

Yo: (mientras la cola para pedir un bendito helado se va alargando) 'Pues pregúntele'.
Heladera: 'no está, señor'

Yo: (empezando a hartarme de que me llame 'señor'). '¿La puede llamar?'
Heladera: 'Sí'. (Y sin hacer ningún ademán de coger el teléfono).

Yo: (a punto de partirme de risa, y buscando ya la cámara oculta). '¡Pues llámela!'.
Heladera: (busca el teléfono, llama a la supervisora. Yo cronometro: nada menos que 6 minutos para realizar la decisión estratégica para la empresa de saltarse el protocolo sagrado establecido por algún consultorcillo para la omnisciente Gran Caja Registradora). 'Ya está señor'.

Yo: (silencio incómodo esperando a que comparta conmigo las directrices de su tele-supervisora). '... ¿y bien?'
Heladera: 'sí, señor: es posible, pero solo por hoy y por ser usted. Debe saber' [cielos: ahora viene la parte en la que me va a intentar educar, a mi edad, acerca de las bolas de las... bolas], 'que la próxima vez no podremos hacer esta excepción' [en efecto, no solo ha intentado educarme, sino que aprieta el botón de la culpa. Así, sin avisar.]

Yo: 'se lo agradezco infinito - al igual que las doce personas que están esperando'.
Heladera: (sirve el helado) '¿Desea algo más, señor?'

Yo: 'Sí: un vaso de agua por favor. Con hielo'.
Heladera: 'El hielo está reservado para... ¿señor?'

Y me fui.

Con mis bolas...

... y mi entrada para el blog.