sábado, 17 de marzo de 2012

Problema o evento

Un problema es un evento aséptico impregnado de una carga emocional propia.

'No consigo clientes' no es más que un evento, sin más. Es la preocupación (emoción catastrofización del futuro) la que escala al evento hacia una moderada ansiedad o directamente al pánico.

'Individux anula a su pareja' no atrae nuestra atención más que los cuatro segundos que tardamos en pasar la página del periódico. Pero ser receptor de una violencia verbal ('mi pareja me anula') dispara una emoción culpa (o autocuestionamiento, o ira) que le bloquea fácilmente a cualquiera.

'Me han despedido del trabajo' hoy, en España, ya casi implica nada más que un decimal más en la tasa de desempleo. Pero la emoción del que atraviesa esa agonía, la desesperación, puede diezmar una energía que se necesita para hallar un nuevo puesto.

Ansiedad, culpa, resentimiento, desesperación... son emociones primarias o secundarias que se ceban de la emoción básica miedo. Y el miedo, no gestionado, primero inquieta, después inmoviliza y, en última instancia, anula al que lo lleva puesto.

Por eso nos resulta tan fácil resolver los problemas de los demás: pareciera que siempre tuviéramos consejos y actuaciones magistrales para desenredarle la vida a un amigo, la pareja, el compañero de cubículo... pero cuando el mismo evento nos acontece en primera persona de singular, em, la cosa cambia.

Barreré para casa: he ahí la gracia de apoyarse (a veces) en un coach pues, si éste despliega bien su saber-hacer, estará en posición de acompañar al coachee/cliente a abstraerse con mayor facilidad de su problemática, aparcando el miedo, dejémoslo ahí aguardando un rato en la sala de espera mientras pensamos con claridad, y tentando posibles interpretaciones (que eso es lo que somos a fin de cuentas: seres interpretativos de nuestro entorno) mejores más efectivas de lo que le está sucediendo.

Interprete en frío el problema, y ya tiene la mitad resuelto.

Complicado hacer esto solo.

Pero no hacen falta heroicidades ni machadas: encuentre alguien que le haga de espejo y pruebe a separar el evento de la emoción que lo magnifica.

Lo paradójico es que verá que no necesariamente es el problema lo que nos inquieta:

Es la solución la que lo hace.

Otro evento.

No lo tornemos entonces en un nuevo problema.