jueves, 1 de marzo de 2012

'Estoy desmotivado'

Poco ha evolucionado nuestro cerebro desde que bajáramos de los árboles hace cientos de miles de años.

Sí, tenemos iPhones, trenes, zapatillas con GPS y aviones, pero nuestro córtex no ha cambiado casi nada (me refiero al hardware, lo orgánico; el software -las conexiones neuronales- posiblemente sea más potente hoy en un adulto contemporáneo que en un anteprimo cavernícola).

El cerebro está(ba) entonces diseñado para satisfacer impulsos inmediatos, pues al bajarnos del baobab nos exponíamos a nuevos depredadores que incrementaban las posibilidades de que ese paseo por la sabana fuera el último antes de servir de entremés a algún carnívoro con demasiadas horas en ayunas.

De este modo, si queríamos comer - comíamos. (Lo de almacenar los alimentos remanentes, desde el uso de la sal hasta la nevera de su cocina, vino algo más adelante).

De igual manera, si queríamos reproducirnos o, em, yacer con otros miembros y miembras de la tribu, pues eso - yacíamos.

Nuestro cableado, el de serie, es (y sigue siendo) muy básico:

Estímulo (hambre, pulsión sexual, etc.)  Satisfacción (cuasi inmediata: chuleta de antílope y, hale, a refocilarse).

Lo cual juega en nuestra contra: hoy, una vez encerrados los leones en el zoo y sustituida la sabana africana por un centro comercial, nuestros impulsos se han hecho algo más sofisticados y dispersos en el tiempo (éxito, dinero, status, seguridad...) que, sin embargo, seguimos buscando satisfacer de inmediato... una receta prácticamente infalible para la frustración y para la segunda gran queja en los despachos de Recursos Humanos de las empresas:

'Estoy desmotivado'. (La primera siendo, 'mi salario es una mi*rda debe subir más que la inflación este año, jefe').

¿Cómo engañar al cerebro?

Plantéese un macroobjetivo tan gigantesco como lo imagine, pero desmenúcelo en partes lo suficientemente pequeñas como para ir salvándolas y superándolas cada semana (como mucho) pues, cada vez que alcanza esas mini-dosis-de-éxito consigue, además, dos cosas más: 1) doparse a sí mismo con sus propias, hace unos días mencionadas, endorfinas  (¿acaso a alguien no le pone enorgullece superar metas?), las cuales le sirven de combustible para aquellos días flojos; y 2) acercarse, un pequeño tanto cada vez, a ese gran sueño vital.

Idee cómo construir aquello que le ronronea al oído por las noches. Algo grande y único. Suyo.

Planifique terminar la primera mitad de ese sueño en dos años.
La primera mitad de ese en los próximos doce meses.
La doceava parte en este mes que comienza hoy.
La cuarta parte esta semana.
La séptima parte hoy.
Y 1/24 ahora.

Por tanto, a ello. Ya ha leído suficiente por hoy :)