jueves, 16 de abril de 2009

Compromiso/Motivación en un Equipo

No hay mejor proceso de selección que trabajar con alguien.

No hay entrevista, test psicotécnico, role play, dinámica, que sustituya el conocimiento en vivo de la persona desempeñando. Y, por tanto, su compromiso con el proyecto.

En una presentación en IESE de Santiago Álvarez de Mon (qué mente más bien amueblada, válgame), usaba un símil para describir la motivación dentro de un equipo (una de sus especialidades). Él decía que 'puedo mandar a mis hijos a la cama... pero no puedo obligarles a tener sueño. Puedo obligarles a comer... pero no a tener hambre'.

Qué decir entonces del que tiene que liderar a un grupo de personas con hambres y sueños dispares a los que se supone deben conseguir para otro (en una empresa).

Cualquier persona tiene 3 niveles de personalidad (simplifico el modelo, que me disculpen los neurocientíficos y estudiosos de la psique):
  1. Motivaciones.
  2. Actitudes.
  3. Comportamientos.

El nivel 1 es, en algunos casos, desconocido hasta para el propio usuario de esa cabeza (algunos sitúan la motivación arraigada en el corazón o en el estómago). Un buen coach sabe cómo levantar el velo que lo oculta para que la persona lo descubra por sí misma. Nada fácil.

El nivel 2 es parcialmente reconocible por el individuo y por los que le rodean. Un buen responsable de selección en una empresa (o un potencial socio en una aventura empresarial) podría verlo.

El nivel 3 es perfectamente actuable: cualquiera puede pretender que 'claro que sé trabajar en equipo, por ejemplo cuando en mi anterior empresa, bla, bla...'. Es posible por tanto que los modelos de competencias, invento del Ejército de EEUU en los años 40 del siglo pasado, haya sido realmente valioso... pero haya quedado obsoleto. No va a la raíz real del individuo - su savia vital. Como decía un profesor mío de coaching: 'lo que le pone cachondo'.

Detecta en un proceso de selección qué es lo que realmente motiva a alguien - no solo lo que sabe hacer. Sabiendo eso, el resto de políticas de Recursos Humanos (formación, retribución, relaciones laborales...) serán mucho mucho mucho más sencillas de gestionar: más barato, más fluido, menos conflictos, más compromiso de las personas, mayor simbiosis.