lunes, 14 de febrero de 2011

Para Avanzar, hay que Ensuciarse

Aprendemos y avanzamos porque nos mojamos. Desde la barrera, como comentaristas de salón, la vida es fácil: 'yo haría...', 'si pudiera...', 'lo que hay que hacer es...'. Enternecededor, ciertamente...

... pero no nos hemos movido un ápice desde esa barrera.

Me envían este vídeo que, como pocos otros ejemplos de publicidad, además es inspirador.

Ensúciense - y deje de preocuparse:

Somos lavables.

Gracias a Virginia por el video.

domingo, 6 de febrero de 2011

Mover, no Conmover

Me comentaba hace dos días una persona que se está formando en Coaching que la primera (y única) experiencia que había tenido hasta el momento con la disciplina fue gracias a un tipo que 'me hizo sentir muy bien... pero enseguida se me pasó... hasta el punto en que no me quedaba muy claro si esto del Coaching servía para algo'.

Esto es, de veras, un problema.

En efecto, para movilizar a un cambio, es necesaria una motivación potente - normalmente asociada a una emoción duradera.

El feel good (me siento bien) de una sesión de coaching es, claro, muy importante: es un recordatorio de la capacidad y responsabilidad que tiene un individuo de generar nuevas realidades que creen mayor bienestar para sí.

Pero andar por ahí tocando la fibra sensible de la gente para, simplemente y superficialmente, emocionarla no es efectivo: sirve de bien poco y hace perder el tiempo al cliente.

Por no hablar de si es profesional o ético.

Conmover no es mover: activar lo primero para encauzar a lo segundo (a la acción) es un ejercicio de valor para el coachee-cliente. Pero si ambos se desvinculan, no se aporta más valor que el desenlace de una telenovela de clase B en una ociosa sobremesa veraniega.


Reseña en 'Nueva Empresa'



'Coaching para Emprender', en la portada de Nueva Empresa.

Para leer su reseña del libro, aquí.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Transiciones

Me preguntaban hace unos días unos futuros coaches a los que tutorizo/mentorizo si había 'algo' que todo proceso de coaching, cualquiera, independientemente de su contenido o substancia, debiera tener en común.

Y mira que 'debiera' me gusta poco como término en el coaching: es la puerta de acceso a las creencias limitantes. Pero esta vez, qué demonios, voy a dinamitar este dogma.

Realmente creo que todo proceso de coaching, todo, para que sea exitoso, debe facultar al individuo a que ande siempre alerta (que no 'miedoso') a cambiar; a que abrace al cambio que, sin duda, va a venir (y más de un par de veces) en su vida. Y, sobre todo, a tener la certeza de que saldrá airoso.

No me pregunten cómo funciona - no tengo ni idea. Pero les reto a que encuentren a un solo tipo con confianza en sus recursos que no haya salido triunfador ante los más retorcidos sudokus que le haya puesto la Vida delante.

Eso es coaching. Lo demás es cosmético.


jueves, 27 de enero de 2011

Autonomía


Cuando se estudian estilos de liderazgo (no de jefatura, que siempre es la misma: la autoridad conferida por una tarjeta de visita), aparece uno, el autocrático, caracterizado por su intimidante ‘ordeno y mando’.

¿Motivador? A corto plazo, sí: una brigada de bomberos no puede ejercer un estilo colaborador o ejecutivo en mitad de un incendio: hay que resolver, y resolver rápido.

Pero en un entorno laboral no tan dramático, el jefecillo que busca el que su equipo resuelva, tiende a recurrir a ese ‘haga lo que le digo, Pérez’, con mayor o menor sutilidad que, en efecto, ‘motiva’ al tipo a ejecutar.

Y a poco más.

Para motivar, de verdad, a largo plazo y con compromiso (sí: he dicho esas tres cosas y sí, es posible) a una persona adecuada al puesto, con la información y formación necesaria para el desempeño en esa posición, es necesaria una sola cosa:

Que el responsable del equipo tenga mucha, muchísima autoconfianza.

Autoconfianza para asegurar que su equipo pueda resolver el problema de la mejor manera que alcancen por sí mismos, dotándoles de los recursos que requieran. Sí: siendo generoso.

Autoconfianza para permitirles el suficiente margen de creatividad para que se tornen expertos en la materia, si es que no lo son ya - que para eso les pagan. Sí: denles tiempo para pensar.

Autoconfianza para aportar una vision inspiradora a una tarea que, originalmente, quizás sea un mayúsculo aburrimiento. Sí: denles una imagen arrebatadora que alcanzar. (¿Usted pone ladrillos o está construyendo un hospital puntero en su clase?)

O, en otras palabras - lo que debe hacer el jefe es...

Quitarse de enmedio y dejar hacer.

Si no es capaz de soltar, entonces despida al jefe controlator y recomiéndele la doma de fieras. O despida al empleado que necesita que estén encima de él... y mándele de regreso al kinder.



viernes, 21 de enero de 2011

Ser o... siendo

Hace unos años, hacía entrevistas de trabajo - sí, yo era de esos m*mones que te ponía en aprietos :-) - para una empresa en la que se desarrollaban todo tipo de perfiles: desde lo más granado académicamente, hasta el que nunca tuvo la oportunidad de concluir sus estudios.

Independientemente de esa formación, me llamaba poderosamente la atención cierto mantra que repetían determinados candidatos durante la entrevista: 'yo quisiera de esta empresa poder aprender', 'me queda mucho por progresar' o 'estoy muy motivado por el plan de carrera que hay aquí dentro'. Dependiendo del puesto que anduviéramos buscando, esas respuestas hacían oscilar la balanza de la duda en favor del candidato, asegurándole un contrato de trabajo.

Ciertamente, un entrevistador se fija en las palabras que el candidato emplea... y cómo las emplea.

Usare el presente de indicativo ('yo soy', 'yo sé', 'yo tengo experiencia en...') y uno comenzaba a sospechar que, quizás, el individuo había ya copado su cerebro con todo lo que necesitaba aprender en la vida (muchas de las universidades y escuelas de negocio de donde procedían así parecían taladrarlo en su neocórtex). 

Mal asunto para cubrir un puesto de trabajo - cuya definición incluía la resolución de problemas impredecibles, con escasa (o distorsionada) información y ciertas dotes de funambulista a lo Cirque du Soleil.

Usare el gerundio ('yo estoy aprendiendo', 'estoy desarrollando' o 'estoy formándome en') y uno tendía a asumir que era un tipo abierto a la colaboración en equipo, persistente ante los obstáculos o, en fin, susceptible de crecer. Vulgo: el tipo de humano con el que es más fácil trabajar durante largas jornadas.

Quizás este sea uno de los males de las empresas, de las relaciones humanas o, incluso, de la relación con uno mismo: puede que nos pasemos un número indecente de horas justificando/demostrando/probando ante otros (y ante nosotros) que, ciertamente, 'ya somos' tal o cual ('soy inteligente', 'estoy preparado', 'tengo más mala l*che que tú', 'tú no sabes quien soy yo').

Así, natural, cualquier discrepancia con otro Sapiens (no será por falta de ocasión) se acaba convirtiendo en una demostración de ego, típica de aquellos machos (y, sí, féminas) tipo Alfa. Una guerra, vamos: paséense si no por las puertas de los edificios de oficinas donde se congregan los fumadores, escuchen lo que se dice (¿hay alguna razón por la que los oídos no tengan párpados?) y, en fin, observen la de comentarios del tipo 'X es un (exabrupto-epíteto)', 'no tiene ni (exabrupto) idea', 'qué (exabrupto) que me han hecho a mí este puente'... como respuesta a las decisiones de algún jefe tipo 'aquí mando yo', 'se va a enterar, este', 'porque lo digo yo'.

Cuanto más infinitivo se sienta uno, más tentada se siente la arrogancia para ocupar espacio cerebral. Y hay sitio, sí. Unos cuantos terabites.

Y cuanto más gerundio se perciba uno, más espacio cerebral se crea para continuar almacenando experiencia.

Y, um, ¿sabiduría?