miércoles, 23 de noviembre de 2011

Lo que (de veras) pagamos

Para un viaje a México fui, antes de salir, a un banco a solicitar pesos a cambio de euros.

Tras cerciorarme del tipo de cambio, me encuentro con un 14% de pérdida de valor entre lo que me tenían que dar y lo que, de hecho, recibí.

No hubo que rascarse mucho la cabeza para ver donde iba ese margen de la comisión del banco, pues saltaba a la vista: magníficos ordenadores de pantalla plana manejados con destreza por operadores en mesas de diseño, rodando con sus sillones giratorios sobre moqueta antibacterias que, aun así, seguramente deba ser aspirada diariamente por personal especializado; y en una localización urbana de máximo tráfico de viandantes. Eso sí, mientras tanto, el director de la oficina andaba desayunando (a mí me decían que a la oficina había que ir ya desayunado... Será que con la edad me hago más cascarrabias).

Emprender es taaanto más sencillo; implica volver a los orígenes: reducir coste, optimizar ingresos, maximizar valor para el cliente.

¿En qué momento decidió este banco dejar de maximizar valor para poner una moqueta?