viernes, 10 de junio de 2011

Lo que (quizás) sea amar

No es extraño que las estadísticas lo revelen: vamos camino del 50% de matrimonios que se divorcian.

Hoy por hoy, escoger pareja es una tarea heroica: no solo se han multiplicado las opciones de relación (con/sin compromiso, relaciones solo íntimas, exclusivas, abiertas, mismo-distinto género, padres/madres separados, con casadxs, solterxs de oro o por vocación...) sino que hallar una concordancia entre lo que cada potencial partenaire desea requiere de unas cucharadas extra de comunicación - para consolidar una relación duradera y enriquecedora, esto es. 

Casi nada: la comunicación ya de por sí anda filtrada por sesgos, prejuicios, ejercicios de adivinación de los miembros de la relación (y no digo 'pareja', pues cada vez es más frecuente encontrar relaciones, consentidas y buscadas, a más de dos bandas)... por lo que es sencillo imaginar la tendencia de cualquier relación sentimental hoy en día con esta inabarcable elección.

Efectivamente: su extinción.

Toda relación, antes o después, tiene su fin. Mantenerse juntos no necesariamente implica estar juntos.

Hace años asistí a una boda en la que los contrayentes proclamaron, en sus votos de lealtad, que permanecerían juntos solamente hasta que la muerte del amor (¡) los separara - para horror del oficiante.

Uno de los problemas es que el amor se nos vende mitificado. Descompóngase este en moléculas y encontrará que la química del amor es, precisamente, eso: química. Dopaminas, endorfinas, oxitocinas... de ida y vuelta, reforzados por el impulso sexual (a ver si no cómo mejor puede tentarnos la Naturaleza a reproducirnos) hacen que, en efecto, el amor sea ciego: no vemos, literalmente, los avisos de problemas que la relación puede presentar. Si a eso le asociamos el espejismo peliculero del amor eterno (¿oyen los violines de fondo?) y la búsqueda de la media naranja (eso haría unas 3.000.000.000 de seminaranjas en el mundo de donde escoger: como para acertar a la primera... es más fácil, estadísticamente, sacarse la lotería), entonces el desencanto está asegurado. Es cuestión de tiempo.

Hay un proverbio que dice que camina más rápido el que camina solo, pero más lejos el que camina acompañado. Y, sí, hay individuos que, en muchos casos, ni caminan, esperando a encontrar (o buscando desesperadamente) en su vida a un compañero de fatigas - para entonces, ahora sí, darse permiso a vivir.

Una vez ellos se encuentran, es tentador volcarse el uno sobre el otro mutuamente sus expectativas, deseos, metas, sueños, en la certeza (inconsciente) de que el otro las nutrirá, satisfará, abastecerá - dejando así cada uno de guiar su propia vida para exigir (tácita o expresamente) al otro la responsabilidad que el uno abandona.

Mézclese pues bien el cóctel: expectativas de satisfacción íntegra de los deseos de uno, exigencia del guión de una relación vitalicia, monógama, física y emocional; (cierta) garantía de la cobertura del impulso sensual y devuelvan la coctelera al mundo real y sus problemas: cansancio laboral, estrés, cuidado de los hijos (si los hay), etc. y el negocio que gira alrededor del divorcio se comienza a frotar las manos. Y no de frío precisamente.

Si los individuos en la relación no han otorgado espacio para respirar al otro, entonces las consecuencias van desde la ruptura (cuántos no-divorciados legalmente ya lo están de hecho emocionalmente) hasta el desastre: violencia verbal, psicológica, física... por supuesto, exacerbada por la escalada hacia arriba y los lados que cualquier conflicto conlleva al involucrar a terceros y cuartos: abogados, jueces, peritos, psiquiatras, familia, amistades y, sí, los hijos.

Por ello, aceptemos que toda relación lleva en sí la semilla de la extinción.

Ahora bien, depende (al menos, en parte) de los miembros de la relación el que esta se quiebre finalmente. 

Creen espacio conjunto, sí, pero también para cultivarse igualmente como los individuos que somos, sin la participación de la otra persona... Físicamente aparte del otro: que no le guste la música clásica (fútbol, fotografía, baile u orfebrería) a unx no quiere decir que el otrx deba abandonar los ensayos con la orquesta. Acepten al otro como es - no como quisieran que sea, debiera ser, o tuviera que ser. Seria como intentar enseñar a una jirafa a cantar como un jilguero.

Comunique, comunique, comunique. En primera persona: no es lo mismo decir 'me haces sentir mal' (apretando el botón de culpa en el otro que tan bien funciona) que 'me siento mal porque interpreto que lo que dices es...'. Porque sí: somos seres interpretativos - andamos continuamente tratando de descifrar lo que quería decir cuando dijo eso... como si la omnisciencia estuviera codificado en el genoma humano.

Pero eso sí: amen sin reticencia. No consiste en ser mezquino con el cariño en previsión del dolor que (posiblemente) vendrá.

Consiste en tener la certeza, la completa certeza, de que por muy dolorosa que pueda ser una ruptura, el corazón aguantará, aprenderá, se sobrepondrá y crecerá mas fuerte - y con mayor sabiduría.

Siempre ha sido así.

jueves, 9 de junio de 2011

No-Víctima

En la Segunda Guerra Mundial, un soldado aliado fue enviado al frente en Europa en pleno invierno. Sus condiciones eran penosas: apenas tenía acceso a alimento o ropa adecuada... mientras balas y morteros se rifaban su vida - día, tarde y noche.

Sin embargo, él aguantaba día tras día el envite gracias a los recuerdos de su novia, quien le esperaba atrás en su país, y cuya foto portaba en el bolsillo del uniforme. Cada noche, si podía, miraba esa foto, cubierta de mugre y barro, y soñaba con el día en que regresara de vuelta a sus brazos. Esa mujer era la razón que le mantenía vivo.

Una mañana, llegó el correo: una breve carta de su novia en la que, sin ribetes, le decía que le dejaba, que había hallado el amor en brazos de otro hombre y que, por favor, le devolviera la foto que le dió al soldado antes de partir al frente.

El soldado, herido en el alma, hizo lo que una persona con coraje y dignidad hace: habló con los compañeros de su tropa a quienes también habían abandonado sus novias y les pidió que le dieran todas las fotos que ya no querían guardar de aquellas mujeres.

Consiguió recopilar quince o veinte fotos, las metió en un sobre y en un trozo de papel escribió rápidamente: 'Ahora no recuerdo quien eres. Por favor quédate con la foto en la que aparezcas tú y devuélveme las demás'.
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Solo hay verdugo si hay víctima. Solo es víctima quien cree que lo es.

Es una actitud.

miércoles, 8 de junio de 2011

El fin de la oficina

Hay dos razones por las que las personas deben desplazarse físicamente a una oficina a trabajar cada mañana: 1) que su ordenador está ahí; 2) que su jefe quiere ver que está ahí.

Para lo primero, ya hay soluciones: un smartphone, una conexión rápida a Internet, y zap, su empresa se acaba de ahorrar el coste de alquilar los metros cuadrados que ocupa su escritorio, la electricidad de su ordenador y su impresora, su transporte (tiempo y combustible) y las horas en las que está a otras cosas.

Para lo segundo, hay camino aún: con el número de horas que se trabaja (no, no todas son improductivas) en España por empleado (solo EEUU supera la cifra y eso con muchas menos vacaciones anuales), el país sería la locomotora de la UE. Sin embargo (o quizás por ello), en España aún hay cierta mucha obcecación por el presentismo: el jefe ejerce de controlator - 'que para eso me pagan', pensará él (suele darse más en varones este control en lo laboral). Las nuevas generaciones (y no solo por edad) de líderes lo ven de otro modo: aseguren los recursos que su equipo-colaboradores-colaterales (trabajo en red no jerárquico-vertical) necesita y, por Dios, quítense de enmedio.

El presente y futuro de las relaciones laborales pasan por la eliminación de la restricción física y geográfica: si su despacho está en su móvil y sus datos en la nube (Jobs dixit), entonces las opciones de establecerse como agente libre (no como empleado a una nómina pegado) son ingentes.

Las jornadas laborales decididas por uno mismo no solo serán posibles - sino que serán lo habitual: se acabarán las 40 horas de 9:00 a 18:00 de lunes a viernes.

La monogamia con la empresa se extinguirá.

Simultanear proyectos es lo que otorgará caché al agente libre.

Y este decidirá a quién encomendar sus servicios, pues la demanda por parte de las empresas será feroz.

¿A cambio? Poder calibrar el balance tiempo-dinero del individuo. En sus propios términos.


martes, 7 de junio de 2011

En contacto

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Tiempo

'No tengo tiempo (para emprender)' es lo normal: siempre hay algo que hacer, más urgente, que requiere más premura, inmediata atención.

Cuando se decide cambiar de vida, es necesario un período de tiempo de transición, de habituación: en realidad, sustituimos un conjunto de problemas por otro conjunto de problemas diferentes - que, al principio, coexisten. Hasta que empieza a rendir el negocio, los costes-de-mantenimiento-de-uno-mismo siguen ahí. No conozco a ningún emprendedor que le sobrara el tiempo para hacerlo: simplemente, lo buscó debajo de las piedras - una vez que ya decidió que había que ir hacia adelante.

Sí: sustituimos un grupo de problemas por otros... pero abrazamos unas ventajas que antes no había.

domingo, 5 de junio de 2011

Encontrando una misión

A veces nos obsesionamos con el proverbial 'haz lo que quieras hacer, realmente, en la vida'. Y esto, en efecto, en multitud de ocasiones lleva a la frustración. Frustración porque la vida actual sigue mientras intenta la persona definir una nueva vida deseada. Hay que seguir pagando la hipoteca, el colegio de los niños, la letra, las facturas... Y todo esto último referido a aquellos que se pueden permitir el ganarse la vida para pagar estas cosas.

Hay personas que nacen, no obstante, en un entorno desfavorable. No salen en las primeras filas, precisamente, en la carrera de F1. De hecho, nacen sin siquiera los mínimos básicos con los que competir. Y muchos de estos miran ahí delante, al fondo, a los que pilotan los últimos modelos y desean ser como ellos, superarlos, avanzar en la vida.

Pero mientras, tienen que comer. O pagar deudas. O lidiar con despidos. O con separaciones. O con pérdidas personales. O con el pegajoso cemento fresco que tienen que pisar todos los días para intentar llegar al menos a cubrir un estado de mínimo mantenimiento.

A veces, la Vida te pone delante problemas o circunstancias serios que, en realidad, encierran en su cáscara el germen de ese cambio, de esa transición a esa vida deseada. Hay personas que descubren, a base de un extenuante desbrozo, sus oportunidades a partir de esas circunstancias. Es fácil crear una empresa endeudado o con dinero heredado. Es menos fácil crear una sin recursos, mientras estudia y trabaja, pagando una habitación de alquiler y mientras cuida de alguien cercano.

Quizás la Misión de una persona en la vida deba girar más sobre la circunstancia-actual-no-perfecta, más que en una circunstancia-deseada-óptima -  la cual, muchas veces, busca imitar lo que los pilotos aventajados (aparentan) estar consiguiendo. Sí: a veces lo que semeja ser un (severo) contratiempo oculte el más inesperado de los amaneceres.

Hace un tiempo, adopté una costumbre de desear 'éxito' y no 'suerte' a aquellos con los que me cruzo en el discurrir de cada día. Sobre la segunda, es tan azarosa y volátil que esmerarse en perseguirla es como perseguir a la propia sombra. Sin embargo, la primera es, en suma, lo que una persona consigue hacer con la suerte que le viene dada en ese momento.

Éxito.