martes, 23 de noviembre de 2010

Auto-Coach del Coach

Todavía me fascina (y entretiene) la (muy) extendida creencia de que estudiar para ser coach es suficiente para serlo.

Por no decir que es suficiente para ser un buen coach.

Como si todos los tipos que estudian leyes se convirtieran en magníficos letrados o jueces, todos los que estudian medicina en eminentes cirujanos, o todo el que se saca el carnet de conducir pudiera ganar sin más el Paris-Dakkar.

No: esto es un camino vital - no un test de matemáticas donde, si sabes, apruebas.

El aprendizaje es permanente, pero no continuo: más bien a trompicones - a veces grandes pasos, a veces estancamientos. Aunque el coach no esté con clientes, debe seguir formándose y, sobre todo, trascender(se). Abrir camino en un paraje donde lo único que hay es arena: ni una señal, ni una indicación. De vez en cuando un nómada, de paso, comparte una experiencia, enseñanza, vivencia. Pero luego debe volver a retomar el (muchas veces sin señalizar) camino solitario. Si no, de veras, el coachee - su cliente - no verá valor alguno en hacer un proceso con alguien sin el suficiente anhelo por su propia expansión.