martes, 30 de noviembre de 2010

Letting Go (Dejar que Fluya)

Que me disculpen los que no aprecian los anglo-palabros que suelto en ocasiones: a veces una traducción bien hecha hace saltar el valor de lo traducido.

Hace años que dejé atrás toda religión. Pero hay algo en donde creo que ciencia y teología coinciden: la plegaria.

Hablando con una amiga médico, me comentaba lo prodigiosa que era la sanación en determinados pacientes que profesaban alguna creencia. En efecto, la confianza en un Gran Dador genera los componentes químicos en nuestro cerebro que aplacan el dolor y estimulan el sistema inmunológico. Dios, entonces, parece que les sirve - aunque no podamos demostrar su existencia.

Por otro lado, y encarados ante problemáticas particularmente intimidantes hay individuos que 'confían' - así, en abstracto. Si aquello en lo que confían es externo (¿'Externo'?) o no, es secundario. La cuestión es que les funciona.

Mi interpretación se basa en nuestro proceso de aprendizaje: póngase usted a aprender un idioma nuevo que le sea particularmente extraño y tardará años en dejar de razonar, en un plano consciente, si el sujeto va detrás del verbo, del adverbio, o qué demonios es un complemento transitivo. Ahora bien, usted lee estás líneas y es capaz de contárselas a un amigo sin gran esfuerzo: es su subconsciente el que trabaja. Tiene internalizado el idioma - al igual que ir en bicicleta o conducir a su lugar de trabajo sin recordar, cuando llega, cuántos semáforos en rojo se ha encontrado.

La autoconfianza, posiblemente, sea la capacidad de decidir, conscientemente, que el subconsciente tiene los recursos necesarios para salir airoso de cualquier situación.

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PD: otro término empleado para definir esos recursos del subconsciente es mucho más conocido - nada mágico... aunque sí muy sugerente por lo poco que (por ahora) la podemos explicar:

La intuición.

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