lunes, 23 de mayo de 2011

Cantos de Sirenas

A veces, con la decisión no basta.

Sucede a menudo: nos encontramos delante de la situación que nos tiene dubitativos, preocupados. Incluso, estancados. No sabemos qué hacer: cualquier decisión nos parece la perdedora.

Finalmente, nos armamos de valor, nos lanzamos al agua, y decidimos emprender ese cambio tan necesario en nuestras vidas.

Pueden suceder a partir de este punto, entre otras, dos cosas: 1) que, de repente, todo parece encajar... como si el Universo estuviera, simplemente, ahí sentado, silbando aburrido, esperando a que nos decidiéramos; 2) que algo muy suculento nos tiente a desviarnos del rumbo tras el esfuerzo de soltar amarras. (En la Mitología, los cantos de las sirenas enamoraban a los recios navegantes, haciéndoles desviar el curso de su embarcación, sin saberlo pero ciegos de amor, a las rocas, al naufragio. Todo perdido por dejarse distraer en su rumbo).

Como ejemplo de lo segundo: me llevó años decidirme a ser mi propio jefe. Años. Y, sin embargo, a las dos semanas de comenzar a serlo, me tentaron con, posiblemente, uno de los puestos de dirección de Recursos Humanos más relevantes y con mayor visibilidad del país. Un salario de seis dígitos. 'Éxito', en el sentido quizás más popular del epíteto. Todo aquello para lo que (se supone) uno se prepara en su vida laboral. Y cuando, sí, decliné la oferta, el cazatalentos incluso se enojó conmigo, tachándome de irresponsable por seguir mi camino

Sí: creo que, en ocasiones, la Vida te lanza cebos, para ver si muerdes y así testar cuán comprometido te hallas con tu propia causa.

Como ejemplo de lo primero: tengo una amiga que llevaba años muy muy vapuleada en su puesto de trabajo. Ella aspiraba a cambiar de profesión, para lo que se pasó más de una década estudiando por las noches. Once años, nada menos.

Quería abandonar su puesto, estaba harta, machacada. Y, sin embargo, todo el mundo le reprochaba su ingratitud por sus bendiciones, máxime visto el panorama de desempleo. Y sintió miedo, mucho miedo.

Pero tras esos largos años, se decidió a lanzarse al vacío: dejar un empleo estable que le quemaba, en la fe (no religiosa: ella es atea) de encontrar algo mejor.

Et voilà: el trabajo de sus sueños apareció (se lo ofrecieron - ella no mandó ni un solo CV) a los cuatro días de estar oficialmente desempleada (ella decía 'libre').

Cuando el alumno está preparado, el maestro aparece. La suerte aparece cuando la oportunidad se encuentra con la preparación.

Todo encajaba. Era tan solo cuestión de prepararse, prepararse, prepararse. Y dejarse fluir. Confiar.

Qué difícil es esto.

A veces.

1 comentario:

  1. Gregory gracias por la entrada. El camino hacia "la libertad" es largo y solitario y muchas veces las fuerzas flaquean. Gracias por recordarme "que todo es cuestión de prepararse, dejarse fluir y confiar.

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